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jueves, 23 de junio de 2011

Asamblea de barrio - 15M

Ayer estuve en la asamblea de mi barrio. La verdad es que nos cuesta participar en la asamblea. Yo puedo comentaros las tres sensaciones (por llamarlo de alguna forma) que recorrieron mi cuerpo y que me impulsaron a no decir ni siquiera: "miércoles" cuando se veian opciones de días de la siguiente asamblea.

1.- Sentimiento de no saber muy bien como funciona esto. El permanecer a la expectativa por no saber muy bien que "hay que decir". Supongo que producto del cambio de una democracia que nos pide una papeleta cada 4 años a una democracia que nos pide participación real y directa. Es la misma sensación que despertar de un largo sueño e ir abriendo poco a poco los ojos... la garganta ronca y duele pues hacía mucho que no se usaba... la mente sigue en zozorra mientras poco a poco notas: "estoy despertando... ¿donde estoy?"

2.- Miedo al micrófono. Y ahí veo claro que es causa de un mal concepto del "Protagonismo". Todos seguimos cayendo en el error de ver como protagonista al que tiene el micrófono y nada más lejos de la realidad. La protagonista es la asamblea y cada uno de los que la formamos. El que tiene el micro solo lanza una idea, el protagonismo real es el discutirla si no estas de acuerdo o aplaudirla. Estamos acostumbrados a espectáculos y a tener derecho solo a ver oir y callar (como decía Galeano). Tenemos que romper este miedo y retar a la gente a que coja el micro por primera vez para dar su opinión... sobre todo al principio cuando se estan formando las asambleas. Luego ya habrá tiempo de limitar turnos de palabra y demás pero la clave es romper ese miedo inicial.

3.- Verguenza a decir una estupidez. Ante esto nadie esta libre, a todos se nos puede pasar una idea por la cabeza que luego resulta ser bastante "idiota"... sin embargo la suerte que tenemos es que hay una asamblea que elige entre todas las propuestas, que hay muchas mentes pensantes que pueden decirnos "creo que se te ha ido la olla". De alguna forma cuando damos una idea, una propuesta, una opinión nuestra red es la asamblea que nos salva en caso de no haber dado en el clavo. Y por otro lado esta verguenza limita la participación, hace que ideas buenas no salgan a la luz y es algo que YA no podemos permitirnos. Cuantas más ideas mejor, mas grande será nuestra libertad a la hora de elegir.

Supongo que todo esto se aprende andando, como casi todas las cosas, así que por mi parte adelante con la siguiente hasta que aprendamos un poco más como funcionar. Para un observador externo la asamblea de ayer puede verse como un casi fracaso... para alguien que sabe ver pasos, fue el primer paso, lleno de dudas, de una larga ruta.

miércoles, 27 de enero de 2010

Si pusieramos huevos...

Hoy voy a dejar de lado “lo que más me gusta” que es imaginar y crear historias nuevas con palabras que ya van camino de ser ancianas y quiero hablaros de un tema, en el que sin duda cada uno tenemos una sensibilidad y lo vemos desde una perspectiva. Seré irónico, sarcástico y manejaré la burla para provocar en ti un comentario y una posible discusión, ¿lograré mi objetivo?... allá voy:

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Estoy completamente seguro de que la madre naturaleza se ha equivocado con nosotros.

La evolución, con sus mutaciones, ha ido dotando a los animales de ventajas con respecto al entorno. Clásicos ejemplos como el cuello de la jirafa o las garras del león son sólo una pequeña parte de cambios de los que nacieron nuevas especies de seres vivos con mayores posibilidades de supervivencia. Y es que, como decían en Jurasic Park, “la vida se abre camino”.
Unas de las mejoras más importantes en el sistema de reproducción fue la aparición de los mamíferos. De la puesta de huevos, donde el vástago quedaba expuesto a los agentes externos, incluso durante la gestación, se dio el gran salto al mamífero. La fecundación y la gestación se producía en uno de los lugares más seguros del mundo para el animal que estaba a punto de ver la luz: el seno materno.

Pero la ingenua madre naturaleza, que después nos dotó de dedos prensiles y de inteligencia, no se dio cuenta de que el ser humano no debería haber sido mamífero... nunca pensó que el peligro para la criatura en formación pudiera estar en sus propios padres.

Pensemos cómo cambiaría nuestra perspectiva sobre el aborto si pusiéramos huevos:

¿Cuánta gente que aborta sería capaz de lanzar el huevo que acaba de poner contra un muro?
Si les dijeran a las madres de un embarazo inesperado que no van a tener que “cargar” con el bebe durante 9 meses en su seno... ¿sería más fácil donar en adopción al huevo?
¿Los científicos considerarían ser vivo al huevo fecundado o cuando hace eclosión?
¿Los hombres seríamos más conscientes de nuestra responsabilidad de padres al cuidar al huevo a medias con la madre hasta que nazca el pollo?

Yo estoy convencido de una terrible verdad: habría muchos menos abortos si pusiéramos huevos.

Lo primero, por una cuestión de perspectiva: el ver al huevo como algo independiente nos haría pensar en él como algo vivo con mucha más facilidad que al cigoto.
Lo segundo, por una cuestión de comodidad: yo creo que cuando se habla de que el tener un bebe va a destrozar la vida de una muchacha se piensa mucho en su imagen durante los 9 meses de embarazo, de lo que pensará la gente del entorno, de lo que significa perder casi un año de su vida. El poner un huevo es rápido, da menos que hablar y requiere menos esfuerzo para librarse de él (en caso de querer hacerlo).

Incluso se replantearía el tema de los huevos fecundados fruto de una relación casual o incluso provenientes de un delito de violación. El huevo va a portar a un ser vivo fruto de una equivocación o de una monstruosidad... ¿pero el huevo tiene la culpa de ello? Yo soy de la idea de que todo huevo debería ser fecundado desde el amor y por amor (llamadme romántico) pero eso no quiere decir, en ningún caso, que no haya que dar la oportunidad de vivir a otros huevos fecundados en otras circunstancias. El huevo está fecundado a causa de un error, pero no tiene por qué pagar nada por ese error... y el decir que es por su bien, que es mejor hacer con él una tortilla antes de que viva en un clima complicado me parece una monstruosidad disfrazada de oveja, que son mucho peores que los monstruos que no engañan y parecen lo que son.

Conclusión: La naturaleza se equivocó. En más de 40 millones de casos cada año en el mundo, el seno materno no es el lugar más seguro del planeta.

Si pusiéramos huevos, otro gallo cantaría...¿o no?.

Emilio

miércoles, 1 de julio de 2009

Sentimientos Inspirados

Como una ráfaga de viento en una habitación cerrada la inspiración llega hasta mi, se sienta en mi regazo y me mira. Desde ese momento escribo sin remedio, con la seguridad de que ahora, en este instante no hay nada mejor en el mundo que cada pulsación de un teclado.

¿Qué historia puedo contar? Nada que no este dentro de mi, de una forma u otra. Pero, al mismo tiempo, la imaginación transforma cada palabra hasta alejarlas de mi y de mi pequeño universo. ¿Qué ocurre en el ser humano cuando trata de escribir lo que define como sentimientos? El hombre no es capaz de forjar sentimientos, ni de encerrarlos en un papel, pantalla o cuadro, el arte no puede adueñarse de ninguno de ellos, por pequeño que sea... sin embargo, cada párrafo, línea, imagen o figura creada tiene el poder de provocar en el “espectador” un sentimiento nítido.


Y es que, en el arte, el árbol que cae en medio del bosque sin que nadie lo presencie... no realiza ningún ruido.

Emilio

domingo, 21 de junio de 2009

No puedo

Sé lo que debo hacer pero no puedo. Fuerzas invisibles me atrapan y me llevan. Crean escusas en mi mente que no sé de donde vienen ni a donde van. ¿Por qué me ocurre esto?. Tal vez tu tienes una respuesta. Podría llamarlo pereza, o miedo... ¿pero miedo a que?. Sé lo que quiero hacer, pero no lo hago. El tiempo juega en mi contra y pasa indiferente entre mis letras hasta que de pronto, deja de ser "el mejor momento" y regresa solo "un momento más". Tal vez el problema es que sé lo que debo hacer, lo que quiero hacer... la indecisión es la única forma de vida en la que la indiferencia no es un motivo de sufrimiento (¿o tal vez debería decirlo al revés?). Sé que si no lo hago yo, nadie vendrá a hacerlo por mi... y más aún, no me gustaria que viniera otro a hacerlo... ¡porque quiero hacerlo!, pero no puedo, ¿de donde sacar la fuerza?, no puedo vencer, no puedo, no puedo, no puedo...

Tal vez todo se base en dejar de pensar en cómo, dejar de derribar barreras invisibles, dejar de vencer miedos imaginarios... y, sencillamente, hacerlo.

Emilio

martes, 9 de junio de 2009

¡nunca moriré!

YO, que he tomado miles de decisiones,
probablemente muchas de las más dificiles
y la mayor parte de las más insignificantes,
que he concedido deseos a cientos de miles de personas,
que siempre he tenido parecido con reyes y emperadores desde la antigüedad.
A mi, que la gente me mira con deseo y muchos ponen su esperanza en mi.
Yo, signo de la generosidad de los más humildes
y beso en la boca de algunos muertos.
Yo vi las manos del mayor traidor y leí su corto futuro.
Y ahora quieres retirarme, destruirme, asegurarme que ya no valgo para nada
tu, mortal, me dices que has decidido que me he vuelto sucia y vieja,
que ha llegado la hora de enterrarme viva
para que nadie mas vuelva a estar conmigo.
Estas loco, no podrás acabar conmigo,
solo aumentaras el valor de lo poco que me queda
y aún seré más deseada, más envidiada... ¡nunca moriré!

Texto: "Las últimas palabras de la moneda"
2019. Año de la desaparición del billete y la moneda del sistema económico europeo a cambio del uso exclusivo del dinero plástico.
Emilio

viernes, 8 de mayo de 2009

Sueños entrelazados

Despiertas.

Aún es de noche en tu habitación pero entra un poco de claridad proveniente de la farola de la calle. Respiras profundamente y miras la hora: 05:11. Aún te queda mucho tiempo para dormir... pero un extraño sonido llama tu atención. Parece el goteo de un grifo, ¿cómo has podido dejártelo sin cerrar del todo?, precisamente tú con toda tu conciencia medioambiental y de aprovechamiento de agua. Te levantas con desgana y te acercas a la cocina casi arrastrando los pies. Justo antes de encender la luz un mal presentimiento recorre tu espinazo y sientes que algo va mal.
La luz se enciende parpadeando y el fluorescente pasa por varias tonalidades hasta que adquiere su luminosidad amarilla. El sonido de otra gota llama tu atención y te acercas a cerrar un grifo que esta completamente cerrado. De nuevo una gota cae con su peculiar y acostumbrado sonido. Es cuando descubres que las gotas no caen del grifo si no del armario que está justo encima. Pones tu mano y la siguiente cae en tu palma, suave, sin hacer ningún ruido. Tiene una textura mas densa que el agua y el color rojizo no te deja lugar a dudas: es sangre. Miras hacía la puerta cerrada del armario y con la mano izquierda (la que no sostiene la gota) coges su pomo. Justo antes de abrirla una nueva gota cae en el fregadero. Abres el armario y la visión es horrible: tu cabeza, tu propia cabeza está allí donde ahora miras. Congelada en un grito. Con los ojos envueltos en horror. Retrocedes y gritas...

Despiertas y gritas...

La imagen de tu cabeza cortada dura un instante en tu memoria. “Menuda pesadilla” susurras. Notas como tus sábanas están mojadas por el sudor y por instinto una de tus manos recorren tu cuello, aparentemente intacto. Te levantas y te acercas al baño. Tus pasos ocultan el sonido de una gota al caer en el fregadero de la cocina. Llegas hasta el lavabo donde te refrescas con un poco de agua. Tus ojos se posan en tu imagen en el espejo cuando te parece que algo se mueve entre las cortinas de la ducha. Te quedas inmóvil. A través del reflejo ves como una mano aparece en el extremo apartando poco a poco la cortina de la ducha mientras otra mano aparece sosteniendo un enorme cuchillo. Te giras al instante, gritando. Donde debería estar aquello que veías en el reflejo... no hay nada. Tu respiración se entrecorta y tratas de forjar una nerviosa sonrisa en tu rostro. “Estoy enparanoiao” y decides volver cuanto antes a tu cama... pero antes, tus ojos se detienen en la cortina. El sonido de una gota llega desde el fregadero de la cocina mientras acercas tu mano hacia aquello que evita que veas lo que hay en la bañera. “¿de qué tengo miedo?... no puede haber nada” y con un movimiento brusco apartas la cortina. Allí descansa un cuerpo sin cabeza ni manos. La visión es horrible, tu pijama esta completamente empapado de sangre y tiene varios cortes, eres tu, es tú cuerpo. Reculas ahogando un grito y tropiezas con el lavabo.

El golpe te hace despertar. Estas en tu cuarto. Por desgracia lo recuerdas todo y comienzas a dudar si esto es una nueva pesadilla o ya por fin has despertado. Empapado en sudor miras al reloj: 05:11. “Joder”. Oyes un ruido en el salón. Son sonidos entrecortados e inconexos, te parece oír el sonido de una voz o tal vez una especie de canción. Cierras de nuevo los ojos pero los sonidos resuenan en tu cabeza acompañando el irregular ritmo de tu corazón. De pronto una tonalidad familiar te da una respuesta: “Es la música del anuncio de teletienda, ¿me he dejado la tele encendida?... no es posible”. Tal vez sea la del vecino pero no puedes hacer otra cosa que acercarte a mirar. Observando como cada sombra se retuerce ante tus nerviosa mirada te diriges al salón. De allí proceden diferentes brillos y el sonido cada vez se hace mas nítido. Cuando llegas, lentamente, descubres que, efectivamente, la televisión está encendida con el sonido casi al mínimo. Buscas de una ojeada el mando a distancia, pero no lo encuentras a simple vista. Comienzas a examinar la mesa, debajo de alguna revista, entre los cojines de los sofás y finalmente metes la mano debajo del sofá... allí notas algo. Algo alargado, de plástico, con botones... sin duda es el mando pero en cuanto lo vas sacando poco a poco descubres que alguien, desde debajo del sofá también lo tiene agarrado por el otro extremo. Cuando ves su mano gritas y te apartas. Parece que no se mueve. Armándote de valor, vuelves a agarrar el extremo libre del mando y tiras. Junto con el mando de debajo del sofá sale una mano cortada que aferra fuertemente el otro extremo del mando. De primeras te quedas atónito, sin poder moverte de la impresión, pero al ver que la mano lleva puesta ese anillo tuyo que siempre llevas porque ni con aceite sale de tu dedo anular, no puedes evitar gritar.

Despiertas.

Te tocas las manos, acaricias tu cuello y sientes los latidos de tu corazón. Un golpe seco suena en la cocina que te obliga a temblar. Pero el silencio posterior te hace plantearte si no será tu imaginación. Estas sudando. Recuerdas cada momento de la pesadilla vivida y sientes una terrible sensación de impotencia. De pronto otro golpe seco hace que se desvanezca cualquier sentimiento que no sea el miedo. Sales de la cama mientras suena otro golpe. El reloj digital de tu mesilla marca las 05:11 pero tu no te detienes a mirarlo. Tratando de no respirar, de no hacer ningún ruido te diriges paso a paso a la cocina. Tu corazón late tan fuerte que crees que es imposible que no lo escuchen en todo el edificio, es como un tambor que resuena en tus oídos. La luz de la cocina esta encendida... “es otra pesadilla” piensas justo antes de echar una ojeada dentro. Y allí te ves. Estas tú mismo con un cuchillo en la mano descuartizando un cuerpo que parece ser el tuyo. Justo en ese momento otro golpe seco suena y el cuchillo trata de terminar de seccionar la cabeza del cuerpo... pero algunos tendones y la medula espinal se resisten a separarse. Ahogas un grito cuando ves la escena, él te oye y gira su cabeza:
“Otra vez tú, esto cada vez se parece mas a un capítulo de rasca y pica”
Escuchas claramente tu voz, pero con un tono vehemente con el que nunca has hablado. Quieres correr pero no puedes. Él se levanta y se acerca paso a paso hacia ti. Tu cierras los ojos y te concentras en despertar, quieres despertar, necesitas despertar...

Despiertas

Pero esta vez no gritas. Tu corazón late a gran velocidad mientras te escondes entre tus mantas sin saber bien si lo que vives es real, un nuevo sueño, o es el infierno. Poco a poco te armas de valor para dejar una abertura entre la manta que te protege y la realidad. Lo justo para poder ver el reloj luminoso digital. Marca las 05:12. Una voz muy familiar, desde la puerta, dice en tono de burla: “esta va a ser una noche muy larga, ¿verdad?” y mientras tratas de refugiarte en tu manta donde la oscuridad te protege oyes unos pasos que se acercan a tu refugio. No puedes evitar comenzar a sollozar de desesperación…

“Existen estudios que determinan que un sueño puede llegar a durar 20 segundos o incluso menos. Imaginemos que por una causa excepcional (llamémoslo fenómeno extraño) nuestro cerebro no deja de enlazar sueños o pesadillas durante 6 horas. Esto podría dar un número mayor de 1000 pesadillas entrelazadas, una tras de otra… ¿quién podría soportar algo así? Tal vez no sea tan malo que nos olvidemos de todo lo soñado cada noche como medida de prevención antes de volvernos locos una y otra vez...”

Emilio

martes, 24 de marzo de 2009

Dramatika

La más prestigiosa galería de arte de la ciudad se había puesto al servicio de la fotografía. El nombre de la exposición: Dramatika. En ella iban a ser expuestas fotos tomadas en conflictos bélicos, en momentos terribles del ser humano, en medio de las desgracias que azotaron a muchedumbres.

Nadie que pasará por aquella galería quedaría impávido.

Se hicieron copias enormes de las fotos más famosas:
La foto de kim, aquella niña que corría desnuda tras ser quemada por napalm en la guerra de Vietnam. Foto tomada por el fotógrafo vietnamita Huynh Cong Ut y con la que logró el premio Pulitzer.
O la foto de Kevin Carter (otra ganadorá del Pulitzer) en la que se veía a un buitre a la espera de que una niña de Sudán muriera de hambre para tener su propio banquete.
También se podían presenciar, casi en tamaño natural, escenas de muerte captadas con una cámara, esta vez por Eddie Adams en la ejecución de Saigon.
Y así, muro tras muro los visitantes de la galería veían impactada su retina con terribles imágenes hasta que un brillo familiar para algunos, remotamente olvidado para otros, surgía en cada pupila.
Thich Quang Duc envuelto en llamas en su protesta pacífica ante el teleobjetivo de David Halberstam seguido de la agonía de Omayra, recogida por el fotógrafo Frank Fournier, daban como punto final al viaje del visitante en lo mas profundo del dolor, crueldad y tristeza del ser humano.

Sin embargo, cuando aquella exposición parecía que no podía llegar a más el director de la galería expuso, en varios medios de comunicación locales, que iba a abrir una nueva sala que superaría al resto, toda ella con fotos inéditas y desconocidas, pero igual de dramáticas que las ya expuestas.
La apertura de la nueva sala creó una gran expectación. ¿Cómo era posible que fotografías como aquellas hubieran permanecido ocultas hasta entonces?. Mucha gente esperó impaciente para entrar por la puerta el día que la nueva sala se abrió al público.
Pero pronto las caras de expectación y curiosidad quedaron remplazadas por unas de decepción e incluso de enfado al sentirse estafados. La nueva habitación era cuadrada, en sus paredes rebosaban miles de fotos desenfocadas, lanzadas sin flash, tal vez por intentar hacerse demasiado rápido o con la imagen distorsionada por un mal movimiento de muñeca. En el centro de la habitación había una montaña de cámaras de muchos tipos, antiguas y nuevas, profesionales y compactas, de varios tamaños y diseños, pero todas ellas tenían algo en común: estaban rotas, probablemente por una caída.

Pronto la nueva sala estuvo desbordada de murmullos desaprobatorios hasta que el silencio se rehizo cuando el director de la galería habló para explicar el por qué de aquel nuevo aporte a la exposición Dramatika.

“Todos hemos podido contemplar las fotografías que dieron a conocer terribles sucesos de muchos confines del mundo. También todos sabemos que estos sucesos se han dado en muchas más ocasiones que cuando fueron tomados por aquellos reconocidos fotógrafos e incluso, con toda seguridad, suponemos que otras muchas personas, con cámara en mano, presenciaron momentos similares. Esta parte de la galería hace honor a esta gente anónima que no tuvo el suficiente pulso, calma ni serenidad ante la desgracia del hombre como para obtener una foto nítida. Todas estas fotos son las fotos mal hechas ante el dolor más crudo que logró conmover hasta tal punto al autor que no fue capaz de conseguir retratarlo”

La gente asombrada volvió a recorrer las paredes con la mirada y esta vez, por alguna extraña razón, las imágenes resultaron ser impactantes. Lo primero por el número. Las fotografías del tamaño de una cuartilla tapaban casi la totalidad de las cuatro paredes. Miles de fotografías, de malas fotografías, formaban el mural de la última sala de la exposición. Entonces los susurros cambiaron y los visitantes trataban de dar ahora sentido a cada una de las fotos que allí se encontraban: “esta figura debe ser una niña...” “esta debe ser en una guerra...” “oh, Dios mío, este borrón parece una montaña de cadáveres” y las lágrimas no tardaron en aparecer en los emocionados rostros de los que contemplaban aquellas imágenes que nunca habían merecido ser contempladas.

Fue un fotógrafo, cómo no, que trabajaba en el periódico local el que hizo la pregunta que a algunos les había comenzado a surgir: “¿y las cámaras rotas de en medio de la sala? ¿tienen algún sentido?”

“Oh, esas” – respondió el director mirando al montón de mecanismos con unos ojos que trataban de ver mas allá de lo evidente – “también son un homenaje... pero esta vez a los fotógrafos que, en el momento más importante de su carrera, no pudieron seguir siéndolo, lanzaron su cámara al suelo y actuaron como seres humanos ante la desgracia que les rodeaba dedicando todo su esfuerzo en ayudar al necesitado.”

Emilio

sábado, 14 de marzo de 2009

El día/a día

[es imprescindible leer con toda atención el maravilloso relato de Vanesa El día/La noche antes de continuar con estas líneas]

Abandonó la cama en silencio, intentando no interrumpir su sueño... aunque ahora mismo le parecía imposible despertarle aunque lo intentara. El roncaba y, a los oídos de ella, cada día superaba su fuerza y decibelios.

No podía aguantar mas ese sonido así que tocó el frío y seco suelo con sus pies, algo que contrarrestaba la no muy agradable sensación de calor y sudor que aún guardaba de su cuerpo. No podía entender cómo podía soportarlo día tras día, cómo había aceptado llevar esa clase de vida a su lado. Recordaba tiempos mejores en los que su relación estaba envuelta de magia y misterio. Cada noche se amaban como si fuera la última porque nunca sabían si la maldición y bendición que los ataba acabaría rompiéndose hacia un lado u otro.

Despacio, abrió la puerta que conducía al jardín. Antes él lo cuidaba al detalle para ella, consiguiendo esa hermosura que solo se obtiene con la constancia. Antes a él le gustaba pasar tiempo por allí, haciéndole compañía durante el día, mirando sus rasgos congelados desde el amanecer. Antes era diferente... ahora, sus ojos adormecidos miraron su alrededor, ahora la fuente estaba sucia y los arbustos descuidados. Tan solo quedaban tres rosas en el gran rosal cuyas cepas se retorcían resecas. Ella se acercó a una de esas rosas y trató de arrancarla. Sólo consiguió arañarse con una espina.

Le había costado adaptarse al día a día. Había tratado de aprender a cocinar sin mucho éxito y aún no sabía leer. Poco a poco iba entendiendo como se sumaba... pero le agobiaba todo ello. No era la vida que imaginaba cuando el hechizo se rompiera y el sol, por fin, pudiera bañar su amor. Un amor que había conquistado la piedra no debería verse petrificado por una rutina.

Se volvió una vez más y miró hacia arriba. Todavía debía dormir. Le pareció escuchar una vez más uno de sus ronquidos, especialmente atronador. Los primeros rayos de sol iluminaron la alta hierba y ella con una triste sonrisa observó como lo que antes significaba “la muerte de la oscuridad por el triunfo de la luz” ahora se trataba solo del paso de un día más en su insulsa vida.

Miró de nuevo hacia la ventana, se aseguró de que no le podía ver y se armó de valor. Una vez más subió al promontorio, colocó su mejor pose y esperó a que el sol obrara el milagro.

Nada ocurrió. Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando abandonó el jardín y entró en la cocina para preparar aquel oscuro líquido al que llamaban café. Y de lo más profundo de su alma volvió a surgir su deseo bañado en tristeza.

Lo hubiera dado todo por volver a gritar desde su muda cárcel de piedra: hasta cuando. Por regresar a aquel momento.

Pero ya no creía en la magia ni en las hadas... ni mucho menos en los milagros.
El hasta cuando había pasado de largo para no volver.

Emilio

lunes, 9 de marzo de 2009

Mi peor pesadilla

Despierto.

Un nuevo día de mi vida comienza, pero noto que algo ha cambiado. Cuando ayer cerré los ojos era uno pero ahora… ahora mismo soy otro.
El cambio es sutil, pero lo percibo en toda su profundidad. ¿Qué dirán el resto? ¿se darán cuenta? … si realmente me conocen lo percibirán “alto y claro” y pronto descubrirán que la persona de la que eran amigos, familia o amantes murió ayer para dejar paso a mi yo de hoy. Actuarán como si fuera aquel pero ese quedó atrás perdido entre alguna de las fases del sueño.
Una decisión macabra entra en mi mente: el arte del disimulo y el drama será mi aliado.
Procuraré interpretar el papel de aquel que fui y que todos conocen, encerrando en una cárcel en lo más oscuro de mi alma al nuevo que soy. No es una buena solución, mi experiencia me dicta que toda mentira acaba estallando… cada vez que abra los ojos más me vale tener fuerza suficiente para ahogar a mi nuevo yo antes de que su voluntad se haga fuerte y quiera vivir acabando con lo que fui.

Mientras tomo esta decisión en mi corazón nacen dos preocupaciones:
¿y si acabo olvidando quien fui, cómo proseguiré el engaño?
¿y si acabo olvidando quien soy, cómo dejaré de ser algo más que un títere de mis recuerdos?.
Cierro los ojos.

Duermo.
(y muero)

Emilio

miércoles, 25 de febrero de 2009

Puzzle

Al nacer somos una página en blanco, lienzo a pintar, libro a escribir, historia sin contar... Miles de comparaciones y metáforas se han utilizado para describir ese momento en el que potencialmente lo somos todo y realmente, por nosotros mismos, no podemos nada.

Yo voy a plantear una posibilidad más... nuestra vida comienza con una mesa color caoba vacía. El reto que tenemos ante nosotros es la construcción de un peculiar puzzle del que no conocemos la imagen y del que vamos recibiendo piezas de una en una, poco a poco, sin saber muy bien el número total, su orden, ni marcos que lo limiten.

¿Te gustan los puzzles? Entonces este pequeño texto te lo dedico a ti.

A medida que vamos viviendo, se va conformando nuestra personalidad, van apareciendo las primeras piezas. Cada situación de nuestra vida nos muestra un poco más de lo que somos, un poco más del milagro que se esconde tras nuestra piel. Cada pieza es única. Algunas son claras, otras confusas, tintadas de negro y tristeza o envueltas en momentos borrosos como tras una borrachera, llenas de luz, conflictivas, de diferentes formas y tamaños.

A veces insistimos en intentar encajar una pieza donde no corresponde (o debería decir “cuando” no corresponde), otras no nos damos cuenta que, para que esa pieza entre en nuestro puzzle, a lo mejor hace falta girarla, darle una nueva perspectiva. Hay momentos en los que son los demás los que ven antes que nosotros donde va esa pieza concreta, pero no se coloca hasta que nosotros no lo hagamos, ellos no pueden tocar nuestro puzzle.
Incluso,en ocasiones, tratamos de encajar piezas al revés porque no queremos volver a verlas... pero el tenerlas bocabajo sobre nuestra mesa lo único que consigue es que resalten sobre el resto consiguiendo un efecto contrario a la intención y haciendo que nos acordemos en muchos momentos de ellas.

Cada momento inolvidable es una de las piezas de este puzzle, del que no conocemos su imagen, pero del que nos han dado la garantía cuando lo compramos de que todo encaja.

La imagen final... ¿es nuestro destino?, no lo creo, pero si estoy seguro de que la imagen que se muestra es muy bella.

Muy probablemente nunca veamos el puzzle completo. Piénsalo, debe ser increíble tener esa sensación al final de tus días de que toda tu vida encaja, haber logrado encontrar el lugar de cada alegría y tristeza, dar sentido a las desgracias y disfrutar al máximo de cada momento feliz...y poder sentir que Tú y tu vida sois uno ¡y a pesar de todo mantener la sonrisa y una maravillosa paz!

Hasta entonces es necesaria una poca de imaginación para comprender que se esconde tras las piezas de nuestro puzzle.
Sólo Dios nos ve como puzzles completos desde el primer instante en el que existimos y ante eso poco puede hacer salvo amarnos, amar a cada hombre porque cada uno de nosotros esconde una maravilla ¿o tal vez lo ve porque nos ama?.

Y es que es posible que sólo aquellos que nos aman sinceramente descubren las figuras que para nosotros quedan escondidas y se maravillan ante la belleza del conjunto, donde nuestras líneas imperfectas sumadas a nuestras virtudes nos hacen realmente seres únicos de este mundo. Cuantas veces habremos escuchado la frase: “pero, ¿qué verá en él?”... tal vez lo que ve es una pequeña parte de la imagen que realmente es ÉL.

No olvides sacar la pieza que te deja cada momento que vives y buscar donde encaja en tu puzzle... pues cada momento que vives te acerca a lo que realmente eres

Emilio

jueves, 1 de enero de 2009

un punto tras de otro

27 líneas interrumpieron por primera vez la lectura
Ahora vienen nuevas, que construyen frente a la destrucción intrínseca al hombre
un nuevo mundo de historias que aparecen cuando menos se esperan
del silencio de un alma enamorada, o del dolor de una separación,
del dialogo aquello que nunca responde y que insistimos en llamarlo vida
recuperando el valor de una lagrima
o incluso analizando alquímicamente lo insustancial: La felicidad

Muchos han sido los esfuerzos de dar con aquella materia comparada al oricalco
buscando en la insondable soledad del infinito
nadando en la profundidad del mar y sufriendo el dolor de su lejanía

La sabiduría recae en unos pocos maestros
y en un mundo imaginario y de sueños que se confunden con la realidad
donde no sobran palabras pues todas fueron escupidas
en una estación, en una vida
donde la muerte no puede continuar
pero sí “la otra muerte” llamada rutina

Dejando atado cada momento y cada recuerdo
que pugnan por salir de nuestra boca, adornados y bien vestiditos
pero algunos quedan en el centro de nuestra propio inexpugnable espíritu
y otros se muestran al mundo en constante cambio (sin saber hacia cuando)

Las vidas se entrelazan, tarde o temprano
y tratan de construir una frase que las resuma
sin darse cuenta que a veces uno mismo debe tomar las riendas
dando lugar a esos primeros borradores
que viajaran buscando sonrisas de niños
y un poema con el que enaltecer brindis y fiestas.

Y con este ya son 54 puntos que muestran de todo pero nunca llegan a nada
Salvo a ti, querido lector, amigo de párrafos suspensivos.
Emilio

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Teoría del... BUSCATE LA VIDA

La exigencia de los plazos me oprime. El tiempo pasa y me siento culpable de tener retenido esta secuencia de puntos mientras minuto a minuto se construyen los días.
Esta desagradable sensación me hace revolver en armarios y antiguas conversaciones en busca de algo que no desentone y poder dejarlo en estas páginas.
De pronto, unas palabras me dieron una pista: buscate la vida.
Sabía que había escrito alguna vez algo alrededor de aquellas tres palabras. Y, sin muchos problemas, he encontrado el origen y destino de lo que entonces llamé (y hoy llamo): teoria del... BUSCATE LA VIDA

Y es que el "Buscate la vida" es una respuesta aparentemente muy borde a cualquier pregunta...

Pregunta: Perdone, ¿tiene hora?
Respuesta: Buscate la vida

P: ¿Cual es su nombre?
R: Buscate la vida

P: ¿Estudias o trabajas?
R: emm... buscate la vida

"Buscate la vida"... la borde-respuesta universal.

Sin embargo yo quiero dar un nuevo valor a esa respuesta, pero no tanto para decirsela a los demás (que no hariamos otra cosa que ser bordes con la pobre gente que nos rodea), sino para repondernos a nosotros mismos a preguntas que nos planteamos nosotros mismos.

Porque puede que merezca la pena que nuestra primera respuesta a cualquier problema sea, al menos, gastar un minuto en buscarnos la vida.

En serio, plantearoslo... para cualquier tarea que tenemos que realizar en tu trabajo(por poner un ejemplo), ante cualquier problema que surge en el día a día, ¿cual es nuestra actitud?: pasiva a la espera que nos respondan una pregunta (que a veces ni planteamos) o activa... incluso proactiva "buscandonos la vida".

Se abre el turno de debate...

Emilio

jueves, 20 de noviembre de 2008

la última parada

El vaivén del autobús a esa hora de la mañana tenía un efecto adormecedor en todos los viajeros. Aún sin cerrar los ojos cada uno de ellos andaba sumido en un profundo sueño (o debería llamarse ensueño) que les hacía ser un mobiliario mas entre las barras y asientos del vehículo.
Ella se desperezó al ver que llegaba la parada. No era su parada, sin embargo, en esa parada subiría él.

El autobús frenó.

Un hombre mayor buscaba en su bolsillo algo que enseñar al conductor y mientras, ella impaciente miraba por la ventanilla.
“Tal vez este viniendo corriendo, seguro que se le ha pegado las sabanas”
Y sonrió ante la idea de verle venir corriendo con su maletín a cuestas, subiéndose las gafas y sujetando los bolsillos de la chaqueta.
Limpió el vaho de la ventana pero ni un alma pasaba por la calle. El anciano tomo asiento justo donde debería sentarse él. Ella estuvo a punto de decirle que ahí no debería sentarse, había muchos asientos libres del autobús a esa hora ¿por qué debía ocupar justo ese?... pero se retuvo de montar un espectáculo por, lo que para el resto de los mortales, era una estupidez.

El autobús cerró sus puertas.

En ese momento, una vez más tuvo que volver a hacer acopio de toda su fuerza de voluntad (o sentido del ridículo) para no gritar al conductor que aún faltaba él por entrar, que hiciera el favor de abrir la puerta... sin embargo, el autobús comenzó su rutinario viaje hacia la siguiente parada, pero para ella, todo había cambiado.
“¿Dónde estaba? ¿qué podría haberle pasado?”
Poco a poco lo que antes había sido ensueño comenzó a tomar tintes de pesadilla.
“Tal vez le han despedido” pero no creía que fuera así, ayer mismo portaba su eterna sonrisa, parecía lleno de confianza. No, nada le preocupaba. Además era inteligente si estuvieran a punto de despedirle lo hubiera visto venir y su actitud habría cambiado.
“Debe haber sido un imprevisto” eso le sonaba mucho mejor, pero, ¿qué tipo de improviso podría haber cancelado repentinamente su cita diaria?
“Tal vez un accidente, algo grave ha ocurrido a un familiar”, poco a poco fue trazando imaginariamente a cada uno de los miembros de su familia.
“Tal vez su mujer... o Dios mio, muerta” La luz roja del semáforo la deslumbró como un mal presagio. Ella estaba en la ducha y resbaló, cuando él entró vio un baño de sangre. Los del SAMUR poco pudieron hacer. “Estas cosas pasan” escuchó susurrar a uno de los enfermeros mientras las lágrimas de impotencia y de incredulidad nacían de sus ojos. ¿Por qué a ella? ¿por qué? Preguntaba mientras el espejo en su reflejo le devolvía solo incógnitas, ninguna respuesta.
Ella pensó que era terrible, pero de pronto a su cabeza llegó algo peor. Intranquila trato de quitarse esa idea de la cabeza, “no, no puede ser” pero de pronto todo iba tomando sentido. Su mujer no se daría una ducha a esa hora de la mañana, seguramente se levantara una vez él se hubiera ido... el imprevisto debía tener que ver con él. ¿Herido? Recordó su imagen hace 6 meses cuando subió a este mismo autobús armado con sus muletas asegurándole al conductor que se había auto lesionado para poder sentarse “legalmente” en su sitio favorito. Si estuviera herido... estaría allí, él era ese tipo de hombres. ¿Y muerto?. Poco a poco la imagen que antes le había levantado una sonrisa volvió a su mente, el corría porque llegaba tarde a coger el autobús y de pronto... aquel vehículo iba muy por encima de la velocidad permitida pero a aquellas horas poco era el tráfico que envolvía la ciudad. No les dio tiempo a reaccionar, a ninguno de los dos... él que se resistía a tomar el coche, o incluso a sacarse el carné, había visto truncada su vida precisamente por un hombre imprudente armado sólo con ese vehículo.
Se tapó la cara con las manos.
La gustaría ir al tanatorio y dar el pésame a su esposa. Había sido un gran hombre, fiel a cada una de sus citas, siempre lleno de optimismo, capaz de afrontar los días tristes con una sonrisa y resolver cada uno de los problemas que le había planteado la vida. La gustaría haberse podido despedir de él, decirle hasta que punto le admiraba. Siempre amable con las señoras mayores, incluso con su pierna escayolada. De pronto ella empezó a concebir una mañana tras otra sin él. Sus días habían cambiado irremediablemente, para siempre. A partir de ahora todo sería un poco mas triste. Ojalá hubiera tenido tiempo para despedirse.

El bus paró. Ella levantó la cabeza y le vio.

Él tenía pinta de haber corrido un maratón. La camisa fuera del pantalón, la chaqueta a medio poner y completamente despeinado. Casi sin poder tomar aliento la sonrió.

Ella le devolvió tímidamente la sonrisa y miró hacia la ventana, como cada día hacía.
Con un suspiro dejó marchar todas las ideas que habían revoloteado en su mente y volvió a ese estado de ensoñación dejándose llevar por el vaivén.
Ahora todo volvía a la normalidad: él seguiría siendo ese eterno desconocido, ella la amante obsesiva de su rutina.
Le perdonó, por esta vez, que no se sentara en el asiento de siempre

Emilio

miércoles, 29 de octubre de 2008

Una mochila

Hay mucha gente que odia las despedidas. Tal vez porque en ellas sale emociones y afloran sentimientos que nos cuesta mostrar a los demás.
Además, en cada despedida nos fijamos sobre todo en ese componente que odiamos: estamos dejando atrás algo... cuando en realidad lo que hacemos es cerrar una etapa, completándola dentro y fuera de nosotros.

Pondré un ejemplo: Una mochila
Durante cada etapa de nuestra vida llevamos una mochila con nosotros. En nuestra mochila vamos metiendo vivencias, experiencias y recuerdos. Pero llega un momento en el que debemos partir a otro lado, hay que irse a otro lugar, hay que comenzar algo nuevo... ley de vida amigos. Pero, ¿y que hacemos con nuestra mochila?

A veces pensamos que la despedida es el momento en el que dejamos nuestra mochila atrás. Ya no entrará nada nuevo en ella ya no sirve, la dejamos allí de donde partimos hasta que la propia mochila se convierte en recuerdo.

Para mí, la despedida es el momento en el que se cierra la mochila. La etapa ha finalizado, ya no entrará nada nuevo... sin embargo esa mochila será parte de mi equipaje en mi próxima etapa. La mochila no queda atrás, va conmigo... forma parte de lo que soy.
La despedida es precisamente ese importante momento en el que cerramos todas las cremalleras y todo queda atado, nos ajustamos las correas y se dice aquello que ya no tendrá mas momentos para ser dicho.

Salir por la puerta de atrás, irnos sin despedirnos, hace que nos llevemos nuestra mochila abierta. Muchas cosas se caerán de ella, de verdad, no merece la pena.

Cierra bien tus mochilas. Aprende a cerrar etapas y el pasado nunca será una carga.

Emilio

martes, 14 de octubre de 2008

La última hoja del otoño


En ella se agrupaban todas las fuerzas
pero ella trataba de no caer
luchaba por mantenerse en pie.

Había visto como caían
todas aquellas hojas, todas aquellas vidas
había presenciado su descenso
y deseosa de no seguir su caída
su alma a su árbol se había atado.

Y llegó el último día del otoño
solo ella se mantenía viva
y desde su altura pudo ver
los sollozos de una preciosa niña.
Cuando una lágrima vio caer
deseó estar en el suelo donde caería
para poder sentir la pena que ella sentía
para poder tomar esa tristeza y compartirla.

Y su deseo se hizo realidad

Comenzó a dejarse por el viento llevar
y por primera vez en su vida se vio libre
y libre voló hasta caer
a los pies de una niña que la miraba en la caída

La niña tomó esa hoja entre sus manos...

“Mis lágrimas al caer
la hoja al volar
el frío invierno al venir
son todos símbolos
de que la primavera está cada vez mas cerca”

Y acogiendo a esa hoja en su corazón
la niña sonrió.
Fue la hoja la que empezó a llorar de emoción
al sentirse parte de una primavera:
pues primavera no es una estación
es la sonrisa de una niña.

Emilio

sábado, 27 de septiembre de 2008

El Mar y Tú

Podrías haberte quedado un siglo en él. Rodeado por sus maravillosas olas, acariciando su espuma y dejándote llevar por su brisa. Ese momento es uno de esos instantes en los que no querrías estar en otro lugar salvo allí. El eco queda atrás, el agua se lleva la molesta arena, solos tu y el mar... de pronto no existe algo llamado mundo. Tu te entregas a él y sientes que el devuelve esa pasión sin palabras, dejándote que tus pasos te lleven a la profundidad que entre los dos pactáis, siempre con un lenguaje mudo, envidia de los que miran desde la orilla.

Pero de pronto, llega un momento en el que debes salir, debes regresar, volver... en realidad no es un deber, ni un deseo, en ese instante parece que es “lo que toca” , triunfa el “en algún momento tiene que acabar” y aun con las olas acariciándote los tobillos inicias el camino a la vida de siempre, no sin antes echar una mirada atrás sin poder evitar sonreír.
Sin embargo, a medida que tus pasos se alejan del mar, notas como su memoria invade lo mas profundo de tu alma, al principio con la dulce ensoñación de un recuerdo cercano, pero poco a poco vas notando un sentimiento desgarrador, la añoranza trae consigo algo que podría definirse como dolor y las palabras “Te echo de menos” adquieren su sentido mas puro: tu alma echa de menos al mar con toda su alma.
Una vez mas vuelves a sentir aquello: es uno de esos instantes en los que no querrías estar en otro lugar salvo allí... pero ahora hay una diferencia esencial: Ya no estás allí.

Cuando finalmente regresas a tu vida todo se hace mas tibio, mas tenue... el recuerdo queda un poco al margen pero de vez en cuando se recompone cuando vuelves a intuir el olor a mar, eso sí, ahora es una sensación un poco más dulce, cada minuto que pasa es un minuto menos que queda para volver a saltar olas, para volver a zambullirte en él. Tu vida esta partida entre realidad y sueño hasta tu regreso... el regreso, único momento en que tus dos mitades vuelven a ser uno y uno con el mar.

Él, siempre misterioso, espera y desea tu vuelta... no puedes confiarte ya que no deja de ser peligroso, caprichoso y demuestra a los incautos que no se deja domar o dejaría de ser mar. Es como si susurrara: “a esto debes acostumbrarte...“

A pesar de todo y a pesar de nada , al menos yo...
... no podría vivir sin él.

Emilio

martes, 16 de septiembre de 2008

¿Tienes aceite?

Lo sé, lo sé. Lo primero que nos viene a nuestra pervertida mente cuando leemos ese titulo es el de una tía buenorra (u hombre maduro y atractivo, sírvanse a voluntad) llamando al timbre de nuestra casa con una camisa larga a la que faltan por abrochar un par de botones dejando entrever un preciado canalillo... pero no, no os voy a hablar esta vez de sueños eróticos, de hecho me voy a mover en el campo de la inocencia de los cuentos, concretamente en uno de mis favoritos: el Mago de Oz.

El Mago de Oz es un cuento para niños lleno de mensajes para adultos. Unos personajes que conocen sus defectos se lanzan a una gran aventura en la búsqueda de una solución milagrosa siguiendo un camino que otros antes han recorrido y sorteando miles de obstáculos y peligros. Durante el trayecto, el lector descubre que todos ellos demuestran con creces poseer esas características de las que presumen carecer y que con tanta ansia quieren pedir al mago.

Hay un personaje del que me gustaría hablaros especialmente: se trata de “El hombre de hojalata”. Ese leñador transformado en hojalata por una bruja malvada y que ya no tiene corazón que ofrecer a su amada. Un hombre que técnicamente no puede amar pero que llora como el que mas y tiene mas sensibilidad que el espantapájaros, Dorothy, el león y Toto juntos. Y es que nuestro hombre de hojalata conoce algo de sí mismo de lo que ni tú ni yo solemos darnos cuenta y es:

Sabe perfectamente que se oxida y que de vez en cuando necesita aceite.

Porque amigos, todos de una forma u otra nos oxidamos, y no hablo únicamente de hacernos mayores (o viejos), si no de que nuestras esperanzas se corroen, nuestra vida se hunde en la monotonía y llega un momento en el que estamos hastiados de todo. Por eso debemos aprender del hombre de hojalata.
Es imposible no tener esos momentos malos, apagados, duros, tristes, cuesta arriba... pero lo que sí que está en nuestras manos es conocer el aceite que nos funciona y dar un poco a nuestra gente cercana para que sepa como ayudarnos cuando llegan uno de esos días.

En el fondo estoy hablando del diálogo con la vida que analizaba Iván en una entrada anterior. Cada uno de nosotros debe conocer el “aceite” que realmente le carga las pilas, que hace que crezca de nuevo la ilusión: un café con nuestro mejor amigo, ver el mar, detener la vida durante un rato y sacar tiempo solo para nosotros, realizar actos de solidaridad, participar en foros o blogs donde mostrar un poco de nosotros mismos, escribir un diario, ese abrazo o ese beso... se trata de probar, de buscar dentro de nosotros aquello que nos hace renacer, nuestras fuentes personales de la eterna juventud y una vez encontremos algunas... saber con qué personas compartir el poderoso secreto de “alegrarte el día”.

¿Tienes aceite?, si no es así... ¿a que esperas para descubrirlo?... y si lo tienes ¿a qué esperas para compartirlo?

Tienes más poder sobre la preciada felicidad de lo que imaginas.

Emilio

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Lágrimas

El mendigo comenzó a contar su historia al calor de la hoguera:

"Recuerdo infancias e historias de niños, de aquellas ceremonias de alegría en las que el vino mezclado y jarras de cerveza se cedían de mano en mano, recuerdo bien como aquellos niños, en su afán de aparentar ser hombres, trataban de beber lo máximo posible sin vomitar. Para ellos, ser hombre significaba tragar alcohol obligando al estómago a retenerlo."

El medigo hizo un ademan con la cabeza mientras atizaba un poco las brasas con un ennegrecido palo.

"Poco después, ya en la adolescencia, se dieron cuenta de su estupidez. A veces, vomitar era lo más sensato cuando nuestro cuerpo nos lo pide y este hecho poco tiene que ver con la hombría... Ahora de adultos lo hacemos sabiendo que no es tan malo, no perdemos nada ya que no hay nada que demostrar, se da por supuesto que somos hombres y vomitar nos ayuda a dar un respiro a nuestro pobre estómago cuando no puede aguantar más."

Miró a sus compañeros de esta noche, todos escuchaban y ninguno discutiria sus palabras hasta el momento, todos sabían que era cierto.
A veces contaban historias, porque parecía que los cuentos hacían olvidar el hambre. Volvió a centrar su mirada sobre el fuego y su voz continuo tejiendo lo que realmente quería contar:

"Sin embargo, la lección no está del todo bien aprendida cuando la situación se repite en los adultos: pero sustituyendo el alcohol por emociones.
Las emociones que llenan nuestro alma y llega un momento en el que debemos expulsar parte de ellas fuera... momento en el que nuestra alma pide una liberación, y sin embargo no cedemos esta tregua a nosotros mismos, lo que antes tratábamos de obligar a nuestro propio cuerpo a aguantar, acabamos esclavizando para lo mismo a nuestra propia alma y al final el malestar puede ser horrible...

Lágrimas.

Las lágrimas son lo que expulsa nuestro alma, las lágrimas es lo que “vomita” nuestro corazón cuando ha quedado desbordado por una embriaguez de emociones y sin embargo, pocos nos damos cuenta de que es bueno dejar a nuestra alma llorar, pues así podremos continuar disfrutando de las emociones que recibimos, así podremos contemplar el mundo en vez de ocupar nuestra atención reteniéndolas...

Pero hay una diferencia esencial entre lo relacionado con nuestro cuerpo (y el alcohol) y lo relacionado con nuestra alma (y las emociones), al cuerpo podemos obligarle en cierta medida a expulsar aquello que le sobra de lo que le hemos dado, forzar el vomito es tan sencillo... pero las lagrimas tienen un único momento, su momento... y poco deberíamos poder controlar ese instante en el que la primera gota nace de nuestra vista, de nuestros ojos, espejos del alma, y surca su camino hacia la tierra, hacia su caída. Si retenemos el momento, lo perderemos..."

En ese instante se abrió un dialogo entre aquellos desafortunados, y por un momento dejaron de ser mendigos para ser sabios: hablaron de sus experiencias, de las emociones que habían retenido en su interior por tanto tiempo y de sus vidas y no vidas.
Sabios... hasta que el recuerdo del hambre volvió y les vomitó de nuevo a la realidad.

"Si retenemos el momento, lo perderemos..."

Emilio

miércoles, 20 de agosto de 2008

27 Puntos suspensivos

Todo comenzó con una mirada aciaga a un futuro cercano
pasando por unos hilos invisibles que nos unen.

A la madrugada los suicidas esperan un nuevo amanecer
mientras los misterios de un alma errante se desvelan.

La rutina se desmenuza en palabras aisladas
y las Batallas se libran dentro de uno mismo, a coro,
cuando es un tercero el ladrón de nuestra voz.

Sueños que confundimos con maravillosas realidades
y en los que dejamos que se formen llaves y puertas que desvelan antigua sabiduría

Viajamos en un tren de almas
dejando tras nosotros desconocidos monumentos

A nuestro paso encontramos una carta donde se desvela la misión cumplida de una vida
y es que cada momento tiene su tiempo
bien nos lo enseña un niño que algún día será adulto
o la locura que lleva al Amor a ser arrastrado por Odio

Buscamos un desierto que descubrir
con esos ojos, tus ojos, que desvelan demasiado de ti
poniendo en tela de juicio nuestro ser y lo que podría haber sido

Las confusiones que arrastran horribles almas
a una despedida en una luna de sabor a sal

Por suerte siempre quedará la imaginación
que nace de las visiones que cada cual sufre con sus ojos
atraviesa con nosotros momentos desesperados
hasta preguntarnos por una eternidad
que otras razas de fantasía han conseguido dominar
y otras preguntas sin respuesta a las que llegar.

27 puntos suspensivos, con este 28… ya solo quedan 972

Gracias a todos los que os paseaís por estos retazos.
Gracias a todos los que lo habéis hecho posible.

Emilio

miércoles, 13 de agosto de 2008

El fuego y la vida

El fuego y la vida.
Aquel que busque felicidad en la vida la encontrara
Aquel que busque alegría en el fuego la hallara.
Para aquellos que no utilizan el fuego como luz, pues sus ojos se adaptan a la oscuridad
para aquellos que no utilizan el fuego como calor, pues su piel resiste el mas helado de los fríos
el fuego es mas que todo esto, pues conocen el verdadero poder del fuego.
Para ellos, el fuego es alegría, es amor, es un símbolo
Para ellos, el fuego es vida
Para ellos, fuego significa alma

Las llamas brillaban en la oscuridad, multitud de pequeñas hogueras invadían la pequeña aldea y decenas de hombres y mujeres bailaban a su alrededor. Sus cuerpos, esbeltos y de corta estatura, sus rasgos, delicados y vivos, sus movimientos, ágiles y hermosos, los daban a conocer como una de las razas mas bellas de todos los reinos. Pero aquellos elfos, que es así como les nombran las razas exteriores, no vivían cerca de ninguna sociedad, parecía como si hubieran nacido en el bosque junto con el resto de plantas y árboles, junto al resto de los animales y sus únicas leyes eran sus tradiciones, y su mas importante tradición era ser felices, no tenían complicados juicios ni estructurados sistemas de jerarquía, probablemente porque no la necesitaban. Cada uno era feliz realizando su trabajo y viviendo cada día. Los guerreros disfrutaban mas entrenando a sus compañeros que luchando en batallas, y el líder disfrutaba cada momento de paz en el que vivía su pueblo llenándolo de fiestas y bellezas, habían aprendido algo que aparentemente a los pueblos exteriores les costaba comprender, las épocas de guerra son sinónimo de tristeza. Incluso para aquel pueblo que celebraba alegremente los funerales, la guerra, la lucha, era el único símbolo de amargura y siempre venia traído por seres del exterior.
Por lo tanto el único rito que venia acompañado por lagrimas de tristeza era el de inicio y termino de una guerra, incluso a pesar de haber vencido sin recibir bajas.
Sin embargo en aquel momento no había ninguna batalla al acecho y en ese día la felicidad era grande, aun mas grande de lo que seria normal, pues venia acompañada por la celebración de un nacimiento, la venida de una nueva vida había sido anunciada por las estrellas y el shaman la había anunciado al pueblo. Esa noche se produciría el alumbramiento del hijo de Caliria y Danael. La celebración se había unido a la fiesta de la primera lluvia del año, que aun estaba por llegar, pero que muchos habían predicho para hoy.
En la oscuridad la música volaba y el fuego bailaba con los cuerpos de jóvenes, niños y adultos, que reían con entusiasmo, llevaban toda la noche bailando, pero parecía como que sus risas y cánticos ahuyentaran al cansancio. Pronto amanecería.
La mujer envuelta en sudor era ayudada por su esposo, ambos guiados por el shaman el cual les cedía su sabiduría. Poco a poco una tenue luz fue invadiendo la cabaña construida con maderas y cuerdas, sin embargo ninguno de los tres elfos pareció darse cuenta. El momento final del parto estaba cerca, el shaman daba ordenes directas a Danael mientras hablaba con una voz enormemente tranquilizadora a Caliria, la cual había comenzado a llorar por el dolor, por el intenso dolor. Danael trataba por todos los medios de permanecer sereno pero sentía como poco a poco sus nervios le iban debilitando y llego a pensar que iba a perder el sentido. Sin embargo cuando vio que la pequeña cabeza de su hijo comenzaba a aparecer entre las piernas de su mujer olvidó instantáneamente todo el cansancio, todos los nervios, toda su preocupación y le ayudo a salir tal y como le habían enseñado en los preparativos del parto, sin embargo nadie le podría haber explicado lo que sintió cuando sus delicadas manos ayudaron a su hijo a nacer. Ninguna canción ni poesía podría haber expresado aquello. Danael comenzó a llorar de alegría mientras hacia que su hijo aun cubierto por una fina tela de sangre, llorara con un pequeño azote. El lloro del niño hizo que la música y los cánticos cesaran. Todo quedo en silencio, únicamente el crepitar de las llamas acompañaron a los primeros lloros de aquel bebe. El padre lavo al niño en una palangana de agua y después lo cedió al shaman para que lo presentara al resto de su pueblo.
El shaman salió de la pequeña cabaña con el niño entre sus brazos. Rostros sonrientes permanecían atentos al culmino del ritual. El shaman se acerco al gran árbol y cogió la semilla, después fue al lugar que habían elegido para aquel nuevo elfo y con el bebe en uno de sus brazos, sembró aquella semilla en la sagrada tierra. después se giro hacia el pueblo, todos esperaban a que le alzara por encima de todas sus cabezas para que el cielo pudiera observar mejor al recién nacido, y miro al niño. Su cuerpo era grande y pesaba mas que un bebe normal elfo, el pequeño entorno sus ojos y mostró una ligera sonrisa mientras una gota de lluvia caía desde el cielo en su frente.
El shaman levanto la vista al cielo. Cayeron una gota, dos, cien, mil. La lluvia era fuerte.
Observó a su pueblo, era la primera vez que recibían la primera lluvia sin cánticos ni bailes, y sonrió.
Y tras todo ello levanto con sus dos manos al niño por encima de su cabeza, por encima de todas las cabezas, entre gotas de lluvia. La aldea estallo en gritos de jubilo, la música volvió, los cánticos resonaron y los bailes regresaron. Las gotas de lluvia apagaron los fuegos y el sol poco a poco fue haciéndose sitio en su cielo. Entre árboles y troncos se formaron preciosos arco iris y el humo del fuego apagado formó imágenes mientras ascendía hacia el cielo que derramaba agua.
El shaman devolvió el niño a su madre diciéndola:
“ Aquí esta tu hijo, al cual llamaras ArcoIris, futuro arquero de nuestra aldea, futuro gran arquero”

Y todos continuaron bailando y riendo, pues para este pueblo, el agua también era símbolo de alegría.
Emilio