lunes, 3 de mayo de 2021

El caso II (II)

 

La luz tenue del amanecer asomó tímida por los ventanales de la habitación. Encima de la cama estaba tendido un traje bien estirado, impecable. Chaqueta y pantalón de corte recto cuyo color azul oscuro aportaba sobriedad, y sus rayas la modernidad de un hombre del presente. Camisa blanca, lisa; unos gemelos negros enmarcados en dorado como único adorno a juego con el pañuelo que sobresalía del bolsillo de su chaqueta. Para los pies, unos zapatos sencillo negros con cordones del mismo tono que el traje.

Él ya se había levantado hacía tiempo. Salía del baño cuando los rayos del sol ya alcanzaban toda la habitación. Miró con aprobación su elección y comenzó a vestirse. Estaba terminando de atarse los zapatos cuando escuchó un motor bajo su ventana. Era el momento de partir e intentar resolver el misterio.

Salió con paso decidido para encontrarse con ella. La sonrisa sorprendida que dibujó su cara al verlo confirmó su acertada elección. Un saludo, una invitación a entrar en el coche y partieron camino al Barrio de las Letras.

¾En breve el paisaje cambiará. Verás menos edificios altos y más espacios verdes. Es un lugar para disfrutar, para escapar del ambiente asfixiante de las grandes ciudades y deleitarse tanto de la naturaleza como de la cultura¾dijo entusiasmada.

¾Se te olvida el de maquinar misteriosos planes ¿no?¾la interrumpió con una sonrisa encantadora.

¾Algo así, pero para eso cualquier sitio vale. Debes saber que también es llamado el Barrio de las Librerías puesto que la mayoría de sus establecimientos están dedicados a los libros. Las hay de especialidades, de incunables, de magia, de ciencia… de todo lo que seas capaz de imaginar, pero lo curioso es que todas ellas pertenecen a dos familias distintas¾dijo.

¾¿Solo dos familias? ¿Cómo es posible?¾preguntó con curiosidad¾. No me digas que pasa como en el mundo de la mafia: dos familias enfrentadas por algún tipo de asunto mercantil, amoroso o ambos.

¾Más o  menos¾dijo riéndose sorprendida por la comparación¾. En realidad, se enfrentan por ver quién es capaz de ganar más lectores que más tarde se convertirán en sus acólitos. Lo sé¾dijo tras mirar su rostro de perplejidad¾, no suena muy emocionante pero así es.

» La familia Mighty posee las librerías especializadas en temas fantásticos, mágicos, de aventura, mitología…en definitiva, todos los temas que tu imaginación sea capaz de alcanzar. Sin embargo, los Wisdom poseen las colecciones culturales y científicas más exclusivas de todo el país¾dijo.

¾Entonces, sigo sin entender el problema, la rivalidad entre ellas¾dijo volviendo a parar el relato de Mutter contrariado por lo que estaba escuchando.

¾Déjame que te explique¾respondió pacientemente¾. Ya te conté que otro de los elementos destacables de esta zona es el gran número de residencias estudiantiles existentes puesto que aquí se sitúa la universidad más importante del país que, como imaginarás, pertenece a la familia Wisdom. Solo los estudiantes con mejores notas, con un expediente impecable y con un amor puro hacia las ciencias pueden hallar una plaza tras sus puertas¾mientras decía esto alzó la mano con la intención de tranquilizarlo y evitar que la interrumpiera de nuevo¾.Sigues sin entenderlo, así que ahora es cuando me remonto a los orígenes de los fundadores de las librerías para que empiece todo a tener sentido.

» Hace años, como pensabas, hubo un enfrentamiento, pero no del tipo que crees. Storm Mighty y Owl Wisdom nunca fueron amigos en realidad. Ambos estudiaban en la misma universidad y eran talentosos estudiantes. No solían coincidir en ninguna asignatura porque su elección siempre era diferente a excepción de una: cultura clásica. Mientras que el primero entendía la imaginación y los mitos como la inspiración y motor del progreso, el segundo lo juzgaba como una distracción y una pérdida de tiempo para el mismo. Los trabajos trimestrales fueron su inicial campo de batalla. Protagonizaban arduas y vehementes discusiones que solo conducían a acrecentar la aversión que se tenían. El proyecto final de sus respectivas carreras significó la ruptura del escaso entendimiento que había entre ellos. Owl se mofó en público de las tesis de Storm quien solo podía defenderlas mediante el principio de causalidad que se daba, en su opinión, entre la imaginación y los logros científicos. Desde ese día Storm fue apartado del campo académico así que juró que formaría a los mejores de cada especialidad alimentando los límites de la razón para sobrepasarla y avanzar más allá. “Sueña y avanza” es el lema del Centro de Enseñanzas Superiores que existe no muy lejos de la Universidad de las Ciencias¾hizo una pausa para comprobar si estaba escuchando.

¾Continúa¾confirmó con gran interés. Nunca había escuchado algo semejante.

¾De acuerdo¾dijo¾. Desde entonces las librerías son el punto de captación de aquellos estudiantes que, a pesar de su talento, no han decidido su futuro académico.

¾Y, ¿quién va ganando por ahora?¾preguntó con curiosidad.

¾Nadie lo sabe puesto que guardan la identidad de sus estudiantes con gran recelo e, incluso, se dice que con el paso de los años fueron adaptando estructuras propias de logias secretas, aunque quién sabe si es verdad.

 ¾Entiendo¾dijo distraído¾. Se me ha ocurrido algo que podría funcionar, pero para ello tenemos que visitar una librería de cada familia.

¾¿No quieres que vayamos directamente a la dirección que mencionaste por teléfono?¾preguntó un tanto intrigada.

¾Sí, pero algo me dice que debo ir a pesar del poco tiempo que queda¾respondió ocultando su entusiasmo por conocer las librerías.

¾¿A cuál deseas ir primero?¾quiso saber sin más. Decir a los demás lo que debían hacer no iba con ella.

¾A una librería que pertenezca a la familia Wisdom¾respondió con firmeza.

¾Ya lo ha escuchado ¾dijo dirigiéndose al conductor¾Llévenos hasta la calle Knowledge.

Emaleth

lunes, 26 de abril de 2021

El caso II (I)

 

Era una tarde lluviosa como cualquier otra. El humo de un cigarro y el tintineo de un par de hielos como banda sonora eran suficientes para transformarla en buena. Al menos eso pensaba hasta que unos tacones delataron una presencia en el pasillo. No podía significar otra cosa más que trabajo y si provenía de una mujer la palabra peligro se añadía a la ecuación.

La puerta se abrió. No se inmutó, le gustaba tomarse su tiempo antes de observar a un posible cliente. Sin embargo, sentía su inquietud, su impaciencia: no tenía tiempo para escenografías. La puntera de su pie derecho marcaba una rápida melodía que solo su respiración agitada era capaz de seguir. Debía cesar de su actitud y no demorar más el encuentro.

Alzó la vista intentando ocultar la mirada bajo la sombra del ala de su sombrero. Fue un acierto para disimular el asombro que le produjo la imagen que tenía frente a él: mujer de mediana edad, complexión enjuta y aspecto desaliñado. El maquillaje no era capaz de esconder las profundas ojeras que marcaban sus ojos ni las numerosas arrugas de su rostro. Sin duda debía pasar en un momento de gran estrés, aunque lo que llamó realmente su atención fue que, bajo esa aparente fragilidad, su mirada revelaba una determinación y autoridad inquebrantables.

Sin mediar palabra se aproximó hacia la mesa y con un gesto rápido posó una tarjeta. Unas letras negras sobre fondo blanco formaban un nombre, una misión y una dirección.

¾El lunes volveré por un informe acerca de lo que encuentre ¾ dijo, con una firme mirada que pareció atravesar su sombrero ¾. Es todo el tiempo del que dispone ¾ concluyó. A continuación, se dio la vuelta y se marchó.

El desconcierto lo dejó inmóvil durante unos segundos. Pero, ¿qué había pasado? Ni siquiera había tenido la oportunidad de aceptar o denegar el trabajo fuese cual fuese con tan insignificante información. Tampoco habían hablado de sus honorarios. Indignado, tomó de nuevo el vaso mientras jugaba con la tarjeta en la otra mano. Sin duda había sido una orden, no una petición. Pero, ¿por qué?, ¿quién era esa mujer? A pesar de su aparente fragilidad transmitía un fuerte mando de poder e, incluso, una prepotente superioridad. Era una mujer que no estaba acostumbrada a una negativa y algo le decía que le sería imposible escapar de su red.

El tiempo suponía un problema. No le gustaba que le delimitaran pautas o límites y aún menos un caso que asemejaba a un acertijo más que a una misión donde el objetivo, el enemigo y la chica quedaban claros desde el principio. No eran tópicos, siempre había esos tres elementos al igual que los motivos: dinero, amor y venganza causada por cualquiera de los otros dos.

Miró de nuevo la tarjeta. Su intuición le decía que el peligro y los problemas vendrían si no lo llevaba a cabo. Ella nunca se equivocaba. La dirección no le decía nada. Estaba acostumbrado a deambular por los barrios más peligrosos de la ciudad o los más ostentosos y éste no pertenecía a ninguno de ellos. Necesitaba ayuda y sabía exactamente la persona indicada a quién pedírsela.

Descolgó el teléfono y tras hablar con una operadora, oyó la más que conocida voz de una mujer.

¾Poco tiempo ha pasado desde tu última llamada. ¿Qué necesitas ahora?

¾Un buenas tardes o me alegro de oírte sería más apropiado, pero en fin… quién soy yo para juzgar…

¾Déjate de monsergas que ya nos conocemos.

¾Tienes razón, nunca te he podido engañar. Tengo un nuevo caso entre manos y necesito de tu servicio.

¾¿Qué es? O mejor dicho, ¿de quién es el encargo?¾ dijo intentando ocultar su incipiente interés.

¾Sabes que no es mi estilo desvelar la identidad de mis clientes. No insistas porque esta vez te puedo asegurar que no te serviría de nada¾. Introdujo una pausa teatral para acrecentar su curiosidad¾. Desconozco toda información relevante incluido el nombre, aunque…. tal vez tú sí que sepas quien es si es cierto que conoces a todos los de esta ciudad tal y como pregonas.

¾¿Crees que miento?¾dijo con un tono entre irritado y amenazante¾.No me ofendas. Te he demostrado con creces todos estos años de lo que soy capaz, pero no quiero enfadarme. Tienes la suerte de que has despertado mi curiosidad. ¿Qué me puedes contar de ese cliente tan misterioso?

¾No mucho y disculpa, no era mi intención ofenderte¾ dijo con un tono lo más inocente posible; el misterio es algo a lo que no podemos resistirnos y jugar con esa baza siempre funcionaba¾. Apenas puedo describírtela, nuestro encuentro fue tan repentino para mí como breve para ambos. Era una mujer enjuta, de mediana edad. Su pelo, recogido en un moño un tano descuidado, dejaba entrever varias canas. Mirada penetrante, un tanto dictatorial. Me atrevería a decir que estaba acostumbrada a mandar y a recibir pocas negativas a sus peticiones. No sé si todo esto te sirve, pero apenas puedo recordar algo más.

¾Veo que sigues con tu estúpido ritual de hacerte el interesante con los clientes. Supongo que hay cosas que nunca cambian ¿verdad?, pero ¿estás realmente seguro que no puedes acordarte nada más?¾preguntó con un tono de desconfianza.

¾Hay cosas que nunca cambian¾respondió con tono divertido¾. Respecto a la mujer, me fijé cuando dejó la tarjeta sobre la mesa porque me llamó la atención un par de manchas blancas sobre los dedos índice y pulgar. Una era más leve que la otra, aunque no identifiqué lo que era. Tal vez con la dirección que hay en la tarjeta puedas ubicarla¾.Tras dársela, suspiró para sí y cruzó los dedos esperando recibir respuesta para ambas cosas: la identidad y el barrio al que debía acudir.

¾La descripción, las manchas y la dirección parecen señalar a una sola persona¾contestó de una forma cautelosa.

Se sorprendió al escucharla. Parecía que se resistiese a continuar. Realmente le preocupó. Mutter no era una mujer que tuviera miedo de nada ni de nadie. Prefirió mantener silencio para que continuara cuando estuviera preparada, no tenía ningún sentido meterla presión, en el fondo, se conocían de hacía muchos años y nunca lo había dejado tirado. Sabía que esta vez tampoco lo haría.

¾No puedo darte lo que me pides, es alguien con mucho más poder que el mío¾reconoció con pesar¾.Ten cuidado, te estás metiendo en terreno pantanoso. No sé qué te ha pedido ni quiero saberlo, pero si quieres salir de ésta has de cumplir el cometido y hacerlo rápidamente¾dijo antes de enmudecer.

En conclusión: era un caso peligroso donde no cabía la posibilidad de dar marcha atrás y, lo que le causaba más temor, la oscuridad no se disipaba por lo que no tenía otra opción que la de participar fuese cual fuese el juego en el que lo habían metido.

¾¿Sigues ahí? ¿Me estás escuchando?¾preguntó inquieta. 

¾Sí, sí, tranquila. Estaba pensando en todo lo que me has dicho¾respondió meditabundo¾.No voy a insistirte en su identidad, no serviría de nada y el tiempo no me sobra, aun así necesito pedirte un último favor. Desconozco la parte de la ciudad a la que pertenece esa dirección. No me encuentro muy cómodo añadiendo otra incógnita más y me preguntaba si…

¾Ya, ya…corta el rollo¾dijo interrumpiéndolo¾.Si quieres que sea tu guía, estaré a tu disposición. La calle pertenece al Barrio de las Letras. Es uno de mis lugares favoritos, me encanta pasear por sus calles y disfrutar del ambiente tranquilo que allí se respira. Eso sí, sería conveniente que cuidaras tu aspecto si quieres pasar inadvertido.

¾¿Mi aspecto? ¿Qué le pasa a mi aspecto?¾ preguntó ofendido. Los comentarios referidos a sí mismo le suscitaban una gran irritación que apenas podía o quería disimular.

¾Cálmate¾dijo mientras sonreía por dentro¾. Este barrio es frecuentado por intelectuales, en su mayoría profesores, y por estudiantes que viven en las distintas residencias que hay por sus alrededores. Alguien con tu gabardina, tu sombrero y tus incisivas preguntas llamarían bastante la atención.

¾Está bien. No hay problema. Me encargaré de ello¾dijo. Sabía que tenía razón y esa misma noche lo dejaría todo resuelto¾. Tengo de plazo hasta el lunes por lo que mañana sería un buen día para una visita.

¾¿El lunes? ¾ preguntó sorprendida¾. Siento decirte que solo dispones de dos días para dar con tu objetivo o lo que sea que tengas que hacer. El domingo está todo cerrado, a penas podrás ver a alguien paseando entre sus calles y menos con el tiempo que últimamente sufrimos.

¾¡Dos días!¾exclamó. Otras veces se había sentido presionado, pero en esta ocasión la incertidumbre acrecentaba la ansiedad desde el mismo inicio de la misión.

¾Mañana pasaré a recogerte a primera hora de la mañana¾dijo¾. Vístete bien, procura hablar poco si nos encontramos con alguien y, lo más importante¾hizo una pausa para subrayar la seriedad de sus palabras¾no me dejes en ridículo ¿entendido?

¾Entendido. Hasta mañana¾dijo despidiéndose. Acto seguido colgó de mala gana. Nunca en su vida le habían afeado por su comportamiento o su adaptación a las situaciones que se le presentaban. La demostraría que esta vez tampoco sería la primera.

Se llevó el vaso a los labios cerrando los ojos para disfrutar de los intensos matices del dorado licor. Una pausa, solo una pequeña pausa para organizar sus pensamientos, calmar sus nervios y empezar los preparativos para el día siguiente.

Emaleth

martes, 21 de agosto de 2018

La red


Tras días intentándolo apagó la pantalla del ordenador. No conseguía contactar con nadie: ni por redes sociales ni por los chats de los juegos que solía frecuentar. Frustrada, se sentó sobre la cama y cogió su móvil. Ningún mensaje, ningún contacto en línea, ninguna subida a las redes.
¿Qué pasaba? Se preguntaba mientras su pie no dejaba de moverse frenéticamente sobre la colcha. ¿Acaso se había caído la red? ¿Podría ser posible que el mundo como lo conocía había dejado de existir? La ansiedad empezó a adueñarse de ella conforme era consciente de que se encontraba aislada, no podía comunicarse con nadie, no podía…no podía respirar…
Se levantó con celeridad y corrió torpemente hacia la ventana para poder alcanzar una brizna de aire. Levantó la persiana y por unos instantes quedó cegada por la luz del sol…era tan diferente de la que se desprendía de su ordenador…
Poco a poco, las formas fueron tomando rasgos definidos y la realidad que se manifestó ante sus ojos la llenó de terror: la calle estaba llena de personas que hablaban entre sí, que reían, que describían sensaciones, que compartían sentimientos, que se miraban a los ojos y se mostraban tal y como eran…
Instintivamente bajó la persiana, se ocultó bajo una manta y comprendió el origen de su miedo: la gente había abrazado la vida en su totalidad, la disfrutaba, interactuaba con ella, la había redescubierto tras años ocultándola tras la red y ella…, ella no tenía amigos, personalidad o vida propia…tan solo un perfil en la red parecía ser testigo y huella de su existencia...
Emaleth

jueves, 16 de febrero de 2017

La montaña dormida V

Roger Schulz, en la soledad de su despacho, escribía en una pequeña libreta de cubierta dorada. Pocos conocían el lenguaje que empleaba junto a pequeños dibujos y símbolos que impregnaban los márgenes de las hojas. Se tomaba su tiempo deslizando suavemente la pluma sobre el papel, perfilando cada curva, cada signo. Un golpe en la puerta rompió su concentración. A un gesto suyo, se abrió sin que nada o nadie pareciese haberla tocado y un hombre entró con paso firme.  Unos pocos metros bastaron para que ambas miradas se cruzaran fijamente. En la intensidad de la batalla por aguantarse la mirada, una fría voz inquietó a Schulz, aunque no lo suficiente para que aflorara en su rostro. Lentamente alzó una mano para invitarlo a tomar asiento, pero su oferta fue declinada.
El encuentro entre ambos era cada vez más difícil. Schulz intuía un final cercano y la furia que podía leer en sus malvados ojos solo significaba un porvenir turbulento. No siempre había sido así, no siempre había reflejado una mirada feroz henchida de orgullo ni una decepción y rencor que minaron el amor del pasado. Desde su primer encuentro, el conocimiento y respeto mutuo los unió hasta que la ambición en pos de sueños locos los fue separando irremediablemente.
A penas era un niño cuando lo recogió una fría noche junto a un montón de basura. Parecía un bulto más entre las bolsas acumuladas, cubierto por una fina capa de humedad y escarcha. Con cuidado lo estrechó entre sus brazos procurando tenerlo abrigado junto a su pecho. Acelerando el paso, llegó a su casa donde inmediatamente preparó un baño de agua caliente para reanimar aquel cuerpo que apenas daba señales de vida.
Aún encogido en la bañera, su rostro fue poco a poco recobrando el color de sus mejillas y, por primera vez, pudo ver con total claridad sus ojos. La inocencia y la curiosidad de la infancia no habían desaparecido a pesar de la dureza de la calle; sin embargo, si te adentrabas en la profundidad de ese verde intenso, un turbulento torbellino de sentimientos en ellos avisaba de un peligro, de un alma que se negaba a distinguir entre el bien y el mal. Creyó haberse equivocado, pero la alarma que resonaba en su cabeza se negaba a olvidarlo: no confundas confusión con desconocimiento, el sujeto de una voluntad poderosa no distingue entre actos buenos y malos, solo en la culminación de objetivos impuestos a su capricho. Palabras leídas en algún viejo libro que resonaron largo tiempo en su cabeza mientras el niño abandonaba la niñez para abrazar una adolescencia que adolecía de falta de compañía, pero rebosaba de ansia de conocimiento. Ignoró las señales durante años debido a su propio egoísmo pues sus largos viajes en busca de saberes ancestrales confinaron al niño en una jaula dorada sin referente en el que apoyarse.
Hubo un tiempo de tregua entre tantas acusaciones y excusas. Una sonrisa de tristeza afloraba en su rostro cuando traía a su mente tan felices recuerdos. No era capaz de recordar ningún otro con semejante sentimiento, ni siquiera cuando lo sobrenatural dejó de ser un estudio sobre papel. La magia los unió, el dominio de la misma les enfrentó y la locura los separó.
Ahuyentó los viejos fantasmas del pasado y se concentró en el presente, en una conversación que parecía tornarse en la última entre ellos. Cerró su libreta, musitó unas palabras e invitó a hablar a su hijo…

 Emaleth

jueves, 31 de marzo de 2016

La historia

Cogió el bolígrafo y firmemente se enfrentó a la hoja en blanco. No había pensado en ningún momento sobre qué podía escribir pero no era su prioridad. Debía captar la atención del lector en el mismo instante en que sus ojos se posaran sobre el folio, y puesto que no disponía de ninguna portada, un buen título tendría que servir como presentación ineludible a la historia.
Tras cuarenta minutos y diez hojas después, ya disponía de unas letras elegantemente curvadas y remarcadas para darlas profundidad y profesionalidad.
El bolígrafo entre sus labios, la mano izquierda posada sobre su frente y la mirada perdida en el horizonte: esa era la foto que le gustaría ver en la contraportada de su libro.
Una hora más tarde, el bolígrafo hacía tiempo que se había precipitado de sus labios, la mano izquierda sujetaba su cabeza y sus ojos cerrados le permitían ver más allá del horizonte.
Una imagen tras otra fue componiendo una increíble historia de aventuras, intriga, pasión e, incluso, comedia. Era una historia que no  podía dejar indiferente a nadie. El final se acercaba, sentía los nervios que siempre predecían un desenlace sorprendente. El protagonista sacó su arma y…. ¡A cenar!
Asustado, se despertó, miró el reloj y ahí sí que presintió el desenlace fatal que le esperaba. Era las nueve de la noche, en su papel solo había un título y el final no escrito anunciaba una muerte: la suya cuando su madre supiera por la profesora que no había entregado la historia que había mandado para el día siguiente.
Se levantó, suspiró y con resignación tuvo que admitir para sí que al menos conseguiría su propósito: su historia no dejaría indiferente a nadie.
Emaleth

lunes, 22 de febrero de 2016

La montaña dormida IV

No supo cómo había llegado a la pequeña habitación que había alquilado en las proximidades del Berghof, en Berchtesgaden.
La perplejidad y la confusión pugnaban por destacar una sobre la otra sin éxito alguno. Se tendió en la cama y se sumergió en confusas ensoñaciones. En ellas podía verse siendo uno de esos hombres, moviéndose en círculo hasta que la sangre lo hacía caer para seguidamente levantarse frente al objeto que ocultaba su verdadera figura tras una luz deslumbrante. Intentó escapar de los brazos de la inconsciencia, pero la letanía que aún escuchaba en sus oídos le mantenía en ese estado hipnótico.
Cuando por fin pudo abrir los ojos, la sed quemaba su garganta y cada trozo de su piel se hallaba empapada de sudor. Al intentar incorporarse, sintió una oleada de dolor y agotamiento como nunca antes había sentido. Miró la mesa donde reposaba un gran vaso de agua y, por un momento, estuvo convencido de que jamás sería capaz de llegar hasta él. No se rindió. Un nuevo esfuerzo consiguió ponerle en pie y con el único objetivo de llegar hasta el agua avanzó pesadamente hasta allí. Con temblor, acercó el vaso hasta sus labios y no lo apartó hasta que no hubo nada en él. Lo repitió varias veces hasta dejar vacía la jarra que reposaba a su lado.
Sintiéndose mejor, se sentó frente a su diario de viaje y no se levantó de nuevo hasta que plasmó en palabras todo lo que había presenciado la noche anterior. Después de lo que había visto, dudaba en poner en práctica su plan inicial: era consciente de estar cruzando un sendero más peligroso de lo que había imaginado. Necesitaba información, así que se duchó, vistió, alquiló un coche en Berchtesgaden y se dirigió, siempre acompañado de su diario, a Salzburgo situado a penas a 30km. Estaba seguro que en la Biblioteca de su Universidad podría hallar el saber necesario que otorgara algo de luz en donde hasta ahora solo había oscuridad.
A penas había tráfico. Si no hubiera sido por el caos de ideas que retumbaban en su cabeza podría haber disfrutado del magnífico paisaje que se mostraba ante él. Sin embargo, la proximidad y majestuosidad del Untersberg no hacía más que acentuar su nerviosismo. Se sentía vigilado y amenazado por ese misterio que albergaba en su interior, por esas palabras que le había revelado el Sello de la Verdad…
No tuvo problemas para acceder a los libros no catalogados para el uso público. Su nombre seguía abriéndole muchas puertas aunque casi había olvidado aquellos tiempos académicos donde los libros, los exámenes y las clases eran todo su mundo. Cuando entró en el depósito casi sintió nostalgia, pero pronto lo olvidó cuando recordó lo tedioso y monótono de aquél trabajo.
Las referencias a sectas y a grupos seguidores del nazismo eran ingentes, podría tardar años en encontrar algo que pudiera servirle. Tenía que limitar la lista de alguna manera con datos concretos que no poseía puesto que los encapuchados que vio no tenían ningún dibujo en sus ropas ni ningún símbolo identificativo que les diferenciara del resto de fanáticos. La ceremonia con sangre tampoco, de hecho, hubiera sido extraño que no se hubiera sucedido así que, ¿por dónde empezar?
Dejó el cursor del ordenador sobre el campo de búsqueda por palabras e introdujo “secta, ritual, sangre, nazi” para después tocar la lupa que había a su lado. La respuesta fue inmediata y aterradoramente extensa. Pensándolo bien, no podía ser de otra manera con términos tan vago, había que ser más concreto. Añadió “Berhof, Watterbargen, Untersberg, nido de las águilas, Carlomagno, Federico II, Gran Germania”.
Contuvo la respiración y volvió a dar al botón de búsqueda. Seguía siendo muy amplio. Lo intentó de nuevo con “Nido de las águilas, secta” y delimitó la información a los dos últimos años. Parpadeó la pantalla y dos archivos surgieron. El nombre de uno de ellos oscurecía aún más si cabía tan siniestra historia…Continuará...
Emaleth

viernes, 15 de enero de 2016

Actualidad política: ¿Novedad o más de lo mismo?

El año 2016 empezó como terminó el 2015: la incertidumbre en el escenario político democrático español y la inagotable e insufrible campaña catalana de desmembramiento estatal.
Si un rayo de esperanza nos deslumbró con la renuncia y rendición de Arturo Mars, un nubarrón se encargó de ocultarlo bajo acciones más que cuestionables y argumentaciones sin sentido. Sin duda, en la actualidad, Platón hubiera suplicado por la existencia de sofistas: al menos sabrían hacer discursos y buen uso de la palabra…otra cosa son las intenciones.
Las elecciones generales de finales de año me fueron igual de indiferentes que las anteriores: mismos argumentos, mismos reproches, mismos datos económicos y sociales…donde la única novedad consistía en la participación de nuevos partidos que se servían de su aún inocencia política para arremeter contra el bipartidismo octogenario que sufrimos casi desde el inicio de la democracia.
“Mismos perros con distintos collares” decía mi abuelo. No sé si yo afirmaría lo mismo, lo que sé realmente es que la novedad solo reside en la imposibilidad de una mayoría absoluta por alguno de los partidos. El resto ya lo conocemos de sobra: palabras de campaña que se las lleva el viento para ser sustituidas por la búsqueda de acuerdos favorables no siempre para el votante.
El auge de los debates y el intento de los periodistas por hacerlos parecer diferentes me parecieron absurdos. El grupo Antena Tres Media enumeró una serie de preguntas de interés general y los candidatos las respondieron, si es que lo hacían, de igual manera a cuando se presentaba un tema y se les daba tiempo para exponer su punto de vista. La novedad una vez más brilló por su ausencia, y si la hubo, tal vez fue la ausencia del Presidente del Gobierno en uno de ellos.
Si a mí me hubieran preguntado en las últimas elecciones como ciudadana cuál sería la cuestión que plantearía a un político, fuese del partido que fuera, lo tendría muy claro: De todo lo que proponen, ¿qué se pueden llevar realmente a cabo de su programa en un Estado que obedecerá a pactos entre partidos enfrentados en sus ideales y cuya aprobación depende del permiso último de Europa?
Ya es tarde…La cifra del final del año cambia el uno de enero, pero la situación política decadente, absurda y de patio de colegio sigue, para mi pesar, igual.
Emaleth