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lunes, 29 de agosto de 2022

Noa y la Luna

Cuando la habitación oscureció, salió corriendo hacia la ventana. Su mirada curiosa recorrió rápidamente el cielo para ver a la Luna. Parecía haberse convertido en su ritual de cada noche, pero ese día estaba más ansiosa que otras veces. Las nubes la habían ocultado durante la última semana y un velo de tristeza se posaba sobre su rostro antes de meterse en la cama. Por suerte, no había nubes y su sonrisa tornó de nuevo en cuanto la vio reinando en el cielo acompañada siempre de su inseparable séquito, las estrellas.

Sin contener la emoción, gritó un fuerte hola acompañado de un enérgico movimiento de mano. En ese momento me sorprendí, creí ver un fuerte destello a través del cristal. Y es que me encantaba apoyarme en el marco de la puerta y observar cómo con su lengua de trapo, relataba su día, sus ilusiones, sus juegos e, incluso, sus momentos de enfado y de lágrimas derramadas por hacerse daño o porque la habían reñido. A veces, hacía pausas y miraba con detenimiento su superficie blanca. Asemejaban tener algún tipo de conversación que solo ellas podían entender, de una complejidad que incluso para un simple observador podría provocar celos por carecer de algo igual.

Abstraída me hallaba contemplando tan tierna escena que no fui consciente de que alguien pasó por mi lado. Era su padre para animarla a la despedida, a un breve adiós hasta el día siguiente. Ella siempre se negaba y amenazaba con un posible berrinche, pero entonces, alzó la vista de nuevo, asintió en silencio y susurró un adiós mientras dirigía una mano hacia sus labios para enviarla un gran beso de buenas noches.

Después, tiernamente, miró a su padre, lo abrazó y se durmió con la plena confianza de que su amiga cuidaría de ella durante toda la noche.

Emaleth

viernes, 23 de diciembre de 2011

La fecha

Los días pasaban y la fecha se aproximaba en un horizonte ya no tan lejano. Todavía se preguntaba que le impulsó a pronunciar unas palabras que lo encadenaban a un presente del que nunca se había sentido parte. Se mintió a sí mismo y a los demás, haciéndose y haciéndoles crrer que le satisfacía su forma de vida, que no era egoísta y que se conformaba con todos los logros que había conseguido al cabo de los años. Siempre pidiendo consejos, siempre escuchando lo que los otros tenían que decir desde el exterior y él, mientras, siempre intentando hacer suyas esas palabras en su pequeño islote interior.

En un principio, se dijo que estaba asustado por el nuevo proyecto que en unos meses estaba a punto de iniciar, que todo se iría asentando con el tiempo y que ella le ayudaría con el proceso de adaptación. Nada de eso pasó. El miedo se transformó en auténticos ataques de pánico; el amor en muecas de desagrado y enfado; el futuro en una tierra desolada donde se iba consumiendo por el pesar, el fracaso y los sueños frustrados.

¿Conseguiría pararlo? No lo sabía porque, en el fondo, seguía siendo ese chiquillo asustado que se ilusionaba por los principios para más tarde abandonarlos por falta de interés. Era cobarde, sí, y comprendía que, una vez más, su vida se había convertido en una linealidad que le aburría y hastiaba. Anhelaba un cambio, una nueva motivación que le dejara volar con libertad, que le permitiera dejar atrás todos esos lasgtres que le estaban anclando a un territorio hostil.

Sí, quedaba poco tiempo, desconocía lo que quería para su futuro pero repudiaba su presente y, mientras en su interior pugnaban mente y corazón en busca de una luz, los días pasaban y la fecha se aproximaba...

Emaleth

jueves, 20 de noviembre de 2008

la última parada

El vaivén del autobús a esa hora de la mañana tenía un efecto adormecedor en todos los viajeros. Aún sin cerrar los ojos cada uno de ellos andaba sumido en un profundo sueño (o debería llamarse ensueño) que les hacía ser un mobiliario mas entre las barras y asientos del vehículo.
Ella se desperezó al ver que llegaba la parada. No era su parada, sin embargo, en esa parada subiría él.

El autobús frenó.

Un hombre mayor buscaba en su bolsillo algo que enseñar al conductor y mientras, ella impaciente miraba por la ventanilla.
“Tal vez este viniendo corriendo, seguro que se le ha pegado las sabanas”
Y sonrió ante la idea de verle venir corriendo con su maletín a cuestas, subiéndose las gafas y sujetando los bolsillos de la chaqueta.
Limpió el vaho de la ventana pero ni un alma pasaba por la calle. El anciano tomo asiento justo donde debería sentarse él. Ella estuvo a punto de decirle que ahí no debería sentarse, había muchos asientos libres del autobús a esa hora ¿por qué debía ocupar justo ese?... pero se retuvo de montar un espectáculo por, lo que para el resto de los mortales, era una estupidez.

El autobús cerró sus puertas.

En ese momento, una vez más tuvo que volver a hacer acopio de toda su fuerza de voluntad (o sentido del ridículo) para no gritar al conductor que aún faltaba él por entrar, que hiciera el favor de abrir la puerta... sin embargo, el autobús comenzó su rutinario viaje hacia la siguiente parada, pero para ella, todo había cambiado.
“¿Dónde estaba? ¿qué podría haberle pasado?”
Poco a poco lo que antes había sido ensueño comenzó a tomar tintes de pesadilla.
“Tal vez le han despedido” pero no creía que fuera así, ayer mismo portaba su eterna sonrisa, parecía lleno de confianza. No, nada le preocupaba. Además era inteligente si estuvieran a punto de despedirle lo hubiera visto venir y su actitud habría cambiado.
“Debe haber sido un imprevisto” eso le sonaba mucho mejor, pero, ¿qué tipo de improviso podría haber cancelado repentinamente su cita diaria?
“Tal vez un accidente, algo grave ha ocurrido a un familiar”, poco a poco fue trazando imaginariamente a cada uno de los miembros de su familia.
“Tal vez su mujer... o Dios mio, muerta” La luz roja del semáforo la deslumbró como un mal presagio. Ella estaba en la ducha y resbaló, cuando él entró vio un baño de sangre. Los del SAMUR poco pudieron hacer. “Estas cosas pasan” escuchó susurrar a uno de los enfermeros mientras las lágrimas de impotencia y de incredulidad nacían de sus ojos. ¿Por qué a ella? ¿por qué? Preguntaba mientras el espejo en su reflejo le devolvía solo incógnitas, ninguna respuesta.
Ella pensó que era terrible, pero de pronto a su cabeza llegó algo peor. Intranquila trato de quitarse esa idea de la cabeza, “no, no puede ser” pero de pronto todo iba tomando sentido. Su mujer no se daría una ducha a esa hora de la mañana, seguramente se levantara una vez él se hubiera ido... el imprevisto debía tener que ver con él. ¿Herido? Recordó su imagen hace 6 meses cuando subió a este mismo autobús armado con sus muletas asegurándole al conductor que se había auto lesionado para poder sentarse “legalmente” en su sitio favorito. Si estuviera herido... estaría allí, él era ese tipo de hombres. ¿Y muerto?. Poco a poco la imagen que antes le había levantado una sonrisa volvió a su mente, el corría porque llegaba tarde a coger el autobús y de pronto... aquel vehículo iba muy por encima de la velocidad permitida pero a aquellas horas poco era el tráfico que envolvía la ciudad. No les dio tiempo a reaccionar, a ninguno de los dos... él que se resistía a tomar el coche, o incluso a sacarse el carné, había visto truncada su vida precisamente por un hombre imprudente armado sólo con ese vehículo.
Se tapó la cara con las manos.
La gustaría ir al tanatorio y dar el pésame a su esposa. Había sido un gran hombre, fiel a cada una de sus citas, siempre lleno de optimismo, capaz de afrontar los días tristes con una sonrisa y resolver cada uno de los problemas que le había planteado la vida. La gustaría haberse podido despedir de él, decirle hasta que punto le admiraba. Siempre amable con las señoras mayores, incluso con su pierna escayolada. De pronto ella empezó a concebir una mañana tras otra sin él. Sus días habían cambiado irremediablemente, para siempre. A partir de ahora todo sería un poco mas triste. Ojalá hubiera tenido tiempo para despedirse.

El bus paró. Ella levantó la cabeza y le vio.

Él tenía pinta de haber corrido un maratón. La camisa fuera del pantalón, la chaqueta a medio poner y completamente despeinado. Casi sin poder tomar aliento la sonrió.

Ella le devolvió tímidamente la sonrisa y miró hacia la ventana, como cada día hacía.
Con un suspiro dejó marchar todas las ideas que habían revoloteado en su mente y volvió a ese estado de ensoñación dejándose llevar por el vaivén.
Ahora todo volvía a la normalidad: él seguiría siendo ese eterno desconocido, ella la amante obsesiva de su rutina.
Le perdonó, por esta vez, que no se sentara en el asiento de siempre

Emilio

domingo, 16 de noviembre de 2008

Hasta cuando...

Perdida en el laberinto de mis propios pensamientos, una palabra del exterior consigue introducirse entre los intrincados tuneles para hacerme despertar y prestar atención a una realidad que hasta entonces me habia sido ajena.

Un cambio, un sueño, una nueva realidad, unos nuevos horizontes...e innumerables frases de significado semejante acaparan mis oidos en apenas unos segundos.

Intento prestar algo más de atención intentando asimilar que todo ese conjunto de frases hechas no pertenezca a ningún anuncio de islas paradisiacas ni de coches de última generación. Pero el desenlace desemboca en un sin sentido que me recuerda el por qué me resguardaba en el acogedor lecho de mi caótica conciencia.

Las elecciones americanas por fin llegaron a su fin tras un largo año de campaña propagandistica no exenta de insultos pero sí de carente de soluciones prácticas para los problemas actuales. Y es que negar lo que hizo el anterior presidente no es proponer nada, a lo sumo es llevar la contraria.

Obama consigue cruzar la linea de meta derrotando a un candidato que habia dado por terminada su candidatura hacia meses pero que poseia la ilusión de los ignorantes: esperar un soplo de aire fresco que cambiara las tornas. Pero eso no pasó…y si hubiera pasado…ahí estarian los medios de comunicación para expulsarlo lejos de alli.

Un candidato, Mc Cain, contaminado por su relación con Bush y un candidato, Obama, que crea expectación ante la posibilidad de ser el primer presidente negro de EEUU y romper con la política bélica americana. Y pensar que todavía hay gente que se sorprende del desenlace…

Lo que me produce adversión no es quién haya ganado ( por desgracia la historia está llena de ejemplos de grandes personajes esperanzadores que se quedaron en la nada más absoluta) sino ver la opinion de esos viandantes que se acercan al microfono como la mosca a la m….. y en un arranque de puro patriotismo ignorante (sí, parece que a algunos les va la vida en ello) se arrancan a dar las razones por las cuales apoyan a uno u a otro. Las hay de todo tipo: es el mejor, es genial, se lo merece, es la esperanza para América, confio en que se acuerde de la gente de su color, mira por los desfavorecidos, mira por la unión de este gran país, en mi corazón sé que es la respuesta al cambio, es la esperanza a mis plegarias, sé que Dios y todos los americanos le apoyan……y no sé cuantas mil sandeces más con un gesto tipico américano: el puño cerrado con el pulgar hacia arriba (da igual que sean patatas, armas, colchones en la teletienda….es el gesto congénito de los americanos).

Las respuestas carecen de significado politico, no hay referencia a ningún punto de su campaña. Todas ellas son motivadas por sentimientos, deseos, aspiraciones individuales trasladadas a otras personas que creen más capacitadas de llevarlas a cabo, de cualquier tipo de causas afectivas que no implican decision política y que confunde el fanatismo con la decision crítica.

El cambio en un país no depende de una persona, sino de todas aquellas que la componen, que han de guiar a su candidato electo hacia lo que creen necesario y criticarlo en el momento en que se desvíe de su camino. La conciencia de un país es colectiva y no se limita a participar en una votación cada cuatro años. Y las personas, en este caso hago referencia directa a Obama, no gobiernan de una forma u otra dependiendo del color: Obama es Americano, ha recibido educación Americana y piensa como Americano que es. Las formas, los escrúpulos y la conciencia es lo único que cambia.

Aunque siempre cabe pensar que cada uno tiene lo que se merece….
Vanesa

martes, 30 de septiembre de 2008

PRIMER DÍA

Expectantes muchos. Otros, ya de vuelta. La mayoría escépticos, indiferentes, pasotas desangelados. Yo, en frente. En la tarima de un poder falaz, atribuido solo por la relativa experiencia de algunos meses más de estudio y la ventaja de los años.

Sois una masa informe de nombres, de caras insípidas, de momento anónimas. Inexpresivas o demasiado elocuentes, sobre todo las hostiles. Y algún mero brillo de interés en dos o tres raros.

Yo, la desconocida. La maga o la bruja que ha de moldearos, según se mire. Para bien o para mal. Quién sabe... Voy a jugar a crear ilusiones. Sois la materia transformable, sois mis potenciales artistas o, tal vez, ya desde ahora, ya desde antes. Lo sois.

Mi herramienta: la ilusión. Mi barro, vuestras cabezas desarmadas, mis piezas a ordenar. Quizá jugaré a ser dios este año, creándoos un mundo más apetecible, tallando cada una de vuestras inquietudes, buscándolas.

Que no me desalienten tantos hombros elevados, tantas cabezas inclinadas hacia el suelo, tantos brazos descolgados. Que no consigáis vencerme, inocentes, con la desidia. Que tire para arriba de aquello que tenéis bien guardado, que no sacáis porque, en vuestra jerga, no os da “la gana”. Porque sois grandes, muy grandes. Creo en vosotros.

Porque, tópicos a parte, todos tuvimos nuestras caras, nuestras corazas y defensas, nuestros recelos y mordazas, en el primer día.

Marga

sábado, 16 de agosto de 2008

¿Qué es el arte?

Es enunciar la pregunta por el significado del arte y mi memoria retrocede buscando los recuerdos de aquellos días de seminarios en la facultad.

Hora: 16:30. Curso de doctorado. Tema: estética. Pregunta: ¿Qué es el arte? Sorpresa: dos compañeros de carrera que repetían por mero placer la clase en la que ya habían participado un año anterior.

La respuesta a la pregunta carecía de interés: todos los textos hasta entonces estudiados la trataban desde distintas perspectivas sin poder dar autoridad a una sobre otra si la pasión del lector no intervenía a favor o detrimento de ellas.

Mi curiosidad se centraba en esas dos personas que pugnaban desde hacía años por agradar a un profesor que toleraba sus pretensiones de sabiduría con cierto pasotismo sin decantarse por ninguno. En múltiples ocasiones llegué a pensar que oía sin escuchar para deleitarse al final con una tercera argumentación que conseguía enmudecerlos al menos unos instantes (para el descanso de todos los presentes).

Al empezar el diálogo entre ambos pensé en todo el daño que había hecho una profesora años antes en esos dos compañeros que, hasta su entrada en la facultad, no sabían nada acerca de las llamadas lenguas muertas. Dicha profesora insistía en la importancia de las etimologías, del significado de las palabras en sus estructuras originales. La parte que estos no entendieron, o al menos ignoraron, fue la validez de estos en autores griegos y latinos pero la imprecisión en muchas de esas palabras tras la evolución del lenguaje a lo largo del tiempo. Por tanto, la conversación dejó de tener aplicaciones en contextos para iniciar una discusión carente de sentido y adornada por innumerables citas que ambos habían aprendido anteriormente con la esperanza de introducirlas en una conversación futura. Aún me pregunto si entendían el contenido, el uso y el propósito que cada autor quiso otorgarlas.

A cada momento el tono de la discusión calentaba el ánimo de los debatientes. En esos instantes, cuando ya había asumido que no se quedarían mudos, que una intervención divina no sucedería y que no quería penalizaciones en mi expediente, observaba con curiosidad al resto de personas que se habían equivocado en la elección del seminario.

Mientras que unos se dedicaban a la decoración de sus folios, otros lanzaban miradas asesinas a los contertulios y miradas suplicantes al profesor, otros buscaban sus relojes interrogándose cuánto más habría de durar la tortura y, quedaban mis favoritos, los que se reían en silencio de sus palabras sabiendo que cada una de esas argumentaciones no tenían validez alguna; todo esfuerzo por destacar solo demostraba una ignorancia velada por la prepotencia y el orgullo.

El seminario concluía sin respuesta alguna. Por qué unas personas que estudiaban con ahínco las citas de los clásicos negaban la cita socrática “Sólo sé que no sé nada”. La respuesta se reflejaba en la soberbia de sus ojos: no comprendían la necesidad de empezar a construir una casa por sus cimientos porque el aprendizaje constante había sido sustituido por la creencia de un conocimiento pleno innato.

Tras abandonar la clase solo podía pensar en todas esas tardes de facultad en las que siempre habría alumnos cuestionándose el significado del arte o cualquier otro asunto. Desconocía la cantidad pero deseaba no volver a padecer ninguna a pesar de saber que era una situación demasiado frecuente en las aulas universitarias. Pero, ¿hasta cuándo habríamos de sufrirlos?...
Vanesa

miércoles, 6 de agosto de 2008

Ambiente enrarecido

Un extraño silencio invadía la casa. No era un silencio completo, se escuchaban sonidos provenientes del patio de luces y algún murmullo y suspiro desde la cocina… era un silencio incompleto que podía sentirse dentro de los huesos.

“¿Por qué no me levanto y voy a pedir disculpas?”

En esta ocasión el paso a dar estaba claro. No había dudas de cuál era, ni de quién debía darlo. El peor hijo frente a una buena madre… el causante del dolor era fácilmente reconocible.

La puerta se abrió y entró el padre. Un saludo y pocas frases banales en tono distendido, incluso amigable. Tras esto se dedicó a realizar sus quehaceres o quenohaceres diarios. El escaso ruido que producían los clics del ratón no podían romper este extraño silencio, que navegaba por las venas… un silencio difícil de escuchar para alguien o algo ajeno… pero que al hijo le estaba volviendo loco y a la madre la obligaba a llorar.

“Debería salir de este lugar, dejarles en paz de una vez. El único camino para su felicidad es que yo no este aquí”

Y esa frase no carecía de verdad. Él era el que sembraba disgustos y recogía lágrimas, él no se preocupaba de nada más que sus asuntos, aunque a veces sus asuntos fueran tan nobles como “cambiar el mundo” o “ayudar a los necesitados” pero había desertado de su tiempo cualquier contacto con su familia.

Vivía en su misma casa… pero no estaban en su vida.

“Diré: lo siento. Y ella responderá: a buenas horas. Y mi humillación no habrá servido para nada”

Estaba claro, esta vez debía contemplar la posibilidad de que nada se arreglara. Tal vez, ni si quiera en el corazón de una buena madre, hubiera perdón para él.
Pero seguir como tal cosa, como si nada hubiera pasado… era una idea tan cruel, incluso para él. El peor hijo no podía hacer algo así… o sí. De hecho estaba la opción más retorcida, la más malévola, seguir como si estuviera enfadado con ella. Como si el daño que sufría fuera culpa de la madre. Apretar las tuercas hasta que ella diera el paso, aunque no sabía muy bien hacia donde…

“Es el momento…”

Ruido en la cocina… silencio en la casa…

“Sea lo que sea que tengas que hacer, hazlo ya.”

Y en la mente del peor hijo se fue formando un discurso:
“madre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo…”

No llegó a abrir la puerta de la cocina. Volvió a su cuarto… una característica del peor hijo era, sin duda, el miedo.

La puerta se abrió. Era la madre:
“Vas a comer o si no recojo la cocina”
La respuesta:
“Sí… sí, voy a comer”

Ruido en la cocina…
“¿Por qué sigue calentándome la comida?”

“Ve a comer”
Sonido lejano… pero ninguna palabra de ella rompería el extraño silencio, o mejor dicho… lo repararía.

Ahora él estaba seguro… todo podría ser igual que antes si dejaba correr el tiempo.

Suspiros en el cuarto de al lado.

“Será mejor que coma”.

Con la barriga llena las fuerzas vuelven y al pasar por el salón se pudo escuchar:
- Siento mucho lo que pasó ayer
- Vale
- De verdad, lo siento
- Vale, que quieres que te diga.

Y mientras cada uno marchaba por su lado el silencio enrarecido seguía empapelando la casa de un color muy diferente al de un hogar.

“Por el bien de todos… debo salir de aquí”
Emilio

domingo, 3 de agosto de 2008

Perspectivas

Me está poniendo muy nerviosa, no lo soporto, alzo la vista y ahí está, la bajo y lo siento en la nuca, guiño un ojo y se mantiene en el otro, los cierro y vuelvo a abrir y no desaparece, y eso la mirada, el olor es peor, ¿es que no se ducha?, humanidad, qué asco, ni los cerdos huelen así, debería haber un detector de salubridad en la entrada, luego dicen, mucha tecnología, mucho control pero lo más elemental se lo pasa todo el mundo por el forro de los.. ag, ni mencionarlo puedo, seguro que la mayoría viene de ahí, si es que lo lleva pintado en la cara, cochino y obseso, fijo, aunque seguro que no se come ni una rosca, qué asco, repito, si es que tiene que resbalar, puedo ver las gotas cómo se resbalan desde aquí, o las oigo, entre carraspeo y carraspeo, voces susurradas y ronquidos disimulados, qué voz más desagradable, cualquiera diría que es Joselito, voz de niño en nuez de hombre, y me repito, lo sé, pero lo peor no es eso, lo verdaderamente inaguantable es que encima se haga de notar, podría quedarse quieto y fusionarse con la pared, perderse por la ventana, ser una estatua maloliente, pero estatua al fin y al cabo, pero no, no para, que si cojo esto y dejo aquello, que si raspo, que si saco, que si meto, que si me levanto, que si me arrepiento, que si me incorporo un ángulo de treinta grados, que si me acerco la mano, que si me la saco, mejor no pensar para qué, aunque da igual, ya lo veo, ya lo huelo, casi lo toco, qué guarrería, y me mira, que sé que me mira cuando lo hace, que otra cosa no, pero a mí no se me escapa ni una, se pensará que soy tonta, cualquier día me levantaré y le diré, a ver tú, qué pasa, tío, pesado, tengo monos en la cara o qué....

Pues yo creo que le gusto, me mira demasiado, no se concentra, hace como que se ajusta las gafas para disimilar, pero qué mal lo hace, y eso que no sé, no me acaba de ir, la raya perfecta, la ropa a juego, para hacerse notar, se creerá que va a la piscina del club de campo o qué, luego dicen, aquí hay que venirse cómodo, sino para qué, yo no me vengo en pijama pues porque todavía estará ahí pegadas las legañas, qué tontita es, por dios, y eso que está buena, que si no, cualquiera, será de las que se pintan el ojo para venir aquí, carpeta de marca y zapatos de tacón cuando toca, luego dicen, acceso restringido, joder, que aquí se viene a lo que se viene y no a lucir palmito, parece mentira, si algunas no superan la infancia, ay, qué bolis tan bonitos, sí, ya ves, me han costado tres euros pero qué colorido, como si los adictos al bic fuéramos unos mendigos, si es que si no yo no puedo, no me concentro, jejeje, nos vamos a tomar un café, no, y toc toc toc, marcando territorio y desapareciendo entre tía, o sea, tía, uff, qué paciencia, madre, qué paciencia, pero lo peor, repito, es que no deje de mirarme, si es que me dan ganas de golpear la mesa con el puño, se acabó, arrastrar la silla hacia atrás, si se hace, se hace bien, e ir y decirle, a ver tú, tía, pija de mierda, se puede saber qué te pasa conmigo, aquí se viene a lo que se viene, o tú que te has creído, niña...

Junio universitario. La biblioteca.
Vicky

viernes, 25 de julio de 2008

Linda


- ... yo siempre la mantengo encerrada en la cocina, se podría decir que esa es la única parte de la casa a la que ella podría llamar hogar, pero es que me pone negro verla de un lado para otro molestándome, buscando carantoñas, me dura dos ostias, la primera para que aprenda cual es su lugar y la segunda para calmarla cuando abre la boca y que se la ocurra enseñar los dientes...
- Joder, te comprendo perfectamente, si yo tuviera una la trataría igual que tu, la mano dura parece ser lo único que entienden
- La verdad es que si... hay que enseñarlas bien al principio porque si no luego se creen que pueden hacer lo que quieran, lo mejor es que aprendan, desde el primer momento en que la tienes, quien es el que manda en tu casa y que debe respetar cada una de tus ordenes como la puta iglesia obedece a su Papa.
- Así se dice, que no se lleven a engaños, demostrar quien lleva los pantalones, ¿verdad?
- Si, se podría decir así. Pero lo que más me jode, es que cuando la llevas de paseo hay que tenerla atada en corto porque sino se le van los ojos a todos los culos que pasan cerca.
- Si es que todas son unas putas y cuando se juntan no hay quien las aguante
- Ah, yo en eso no tengo problemas, el único momento que la dejo libre es cuando la dejo un rato con sus amigas pero siempre vigilándola por supuesto, no me vaya a preparar alguna.
- Y, ¿hace cuanto que la tienes?
- Pues hará tres años, más o menos
- Ostia... a eso se le llama amor... ¿cómo se llama?
- Ja ja, Linda
- Ja, un precioso nombre... y ¿cuál ha sido la mayor paliza que se ha llevado la preciosa Linda?
- Si, ja ja, la recuerdo perfectamente, se escapó de casa y cuando la encontré, tiritando y agazapada en un callejón, la di tal somanta de palos que la hice comprender que en ningún sitio estaría como en mi hogar. Y ha sido la primera y última vez que me la ha preparado así..
- Joder, la verdad es que en cierta medida te envidio pero no me veo a mi mismo con una.
- ¿Cómo que no?, joder, si te cansas pues la dejas tirada y ya esta, y mientras tanto te hace compañía, que nunca viene mal.
- Ya pero a lo mejor luego te vienen esas instituciones que las protegen y también está la ley... ¿no es un lío cojonudo todo eso?...
- Pero que dices, si mantienes un poco de intimidad nadie se va a enterar, ¿a quién le va a importar que la des de ostias o de cómo la trates a estas alturas de la vida, en esta sociedad nuestra? ... además, tampoco la trato tan mal... y si lo hiciera, por supuesto que ella no va a confesar, jajaja, te lo aseguro... y si eso la cierro la boca y no hay mas que hablar, jajaja.
- Si bueno, tienes toda la razón, no sabes como te envidio... pero la verdad, es que eso de casarme...
- ¿Casarte?
- Si joder, Linda y tu estáis casados, ¿no?
- ¡Pero que dices!, ¡Linda es MI PERRA!
- ¡Ostia!... no jodas, ¡como tratas al pobre animal, tío!. ¡¡¡Eres un puto bestia!!!.
Emilio

martes, 10 de junio de 2008

Rutina

Luz de la mañana. Despertador. Cama. Ventana. Despertador. Cama. SUEÑO. Levantar. Servicio. SUEÑO. Butano. Butano. Ducha. Ducha. Comienzo. Cafetera. Café. Leche. Azúcar. Cucharilla. Tostada. SUEÑO. Mantequilla. Untar. Derretirse. Languidecer. Debilidad. SUEÑO. Trafico. Velocidad. Atasco. Beso. Bajar. Subir. Ahora sí. Atención. Sentarse. Boton. Ratón. Levantarse. Cafetera. Café. Azucar. Leche. Sentarse. Leer. Correo. Raton. Mover. Levantarse. Cigarro. Hablar. Escuchar. Hablar. Trabajar. Pensar. Mover. Ratón. Levantar. Mover. Escuchar. Servicio. Trabajar. Sonar. Levantar. Bajar. Andar. Ejercício. Leer. Caminar. Hablar. Llegar. Servicio. Comer. Hablar. Descansar. Café. Dormir. Leer. Leventar. Subir. Cepillar. Lavar. Bajar. Subir. Movimiento. Velocidad. Poco tráfico. Llegar. Beso. Bajar. Subir. Saludar. Sentar. Botón. Ratón. Abrir. Leer. Pensar. Trabajar. Trabajar. Café. Trabajar. Cigarro. Hablar. SUEÑO. Llegar. Bajar. Abrir. Entrar. Servicio. Cambiar. Sentar. Beber. Cigarro. Ver. Hablar. Cocinar. Cigarro. Hablar. Cocinar. Comer. Recoger. Cigarro. Beber. Ver. Hablar. Escuchar. Ver. Hablar. Escuchar. Cigarro. Levantar. Apagar. Cerrar. Lavar. Cepillar. Desnudar. Hablar. Beso. Caricia. Beso. Caricia. Sexo. Dormir. Dormir.Dormir. Despertador. Luz de la mañana...RUTINA
Dani

martes, 3 de junio de 2008

Madrugada vallisoletana

Te levantarás un día muy temprano y te preguntarás, mientras buscas las zapatillas con los pies desnudos y helados despotricando contra este afilado invierno castellano, por qué no te has ido a vivir con tus amigos los aventureros a los mares del sur, donde seguro que se está bien calentito por dentro y por fuera, por el sol y por los (o las) que están debajo de él.

Te sentarás como quien reza a Dios, mirada perdida y gesto concentrado, ante el tazón de algo parecido a cereales y permanecerás así al menos 20 minutos intentando retornar a ese sueño resbaladizo que se niega a abandonar las sábanas y seguirte en esta mañana noctámbula.

Te buscarás a ti mismo en el espejo del aseo. Ése que te es tan familiar, con lamparones de dentífrico semejantes a los formados por el fango en las pocilgas, arte posmoderno que siempre te olvidas de limpiar. Te encontrarás justo el instante previo a ahogarte en el agua estancada de tu áspera cerámica, en un intento frustrado de olvidar que aún ves las estrellas y que el tiempo apremia en la ciudad.

Te deslizarás entre las baldosas de tu cuarto, seguirás la rutina (calzoncillos, calcetines, pantalones y camisa), recogerás tu portátil con un brazo, el otro compartido por el abrigo y las llaves, la correa de tu reloj de imitación se resiste a seguir las indicaciones de tus dientes.

Cuando el primer vecino sale al descansillo y ve la ventana abierta, entiende de inmediato por qué hace tanto frío, entonces la cierra y escribe la queja al presidente “conductas como ésta son las que suponen un gasto extra de calefacción, una reunión extraordinaria y una derrama estratosférica. Ya es hora de que la señora de la limpieza se preocupe de cerrar las ventanas tras los suicidas”.
Vicky