lunes, 6 de agosto de 2012

La montaña dormida


Él está ahí, sentado, rodeado de su corte, de sus consejeros más cercanos, de sus fieles caballeros y de los gobernadores que un día dirigieron en su nombre cada una de sus conquistas. Frente a él, una mesa de mármol cuyas patas quedan ocultas tras una larga barba fruto de un largo exilio. Sus ojos, permanecen cerrados en un sueño que aguarda la venida de un nuevo alzamiento, de un nuevo renacer que vendrá teñido por la sangre de los enemigos vencidos. Hasta entonces, aguarda pacientemente en uno de los lugares más inescrutables de la tierra, oyendo el tañido de su propio corazón como único testigo del paso del tiempo. Mientras, en el exterior de su escondite, hombres sabios temen su llegada, los necios ansían su regreso y, los más numerosos, lo ignoran pero las antiguas leyendas hablan del despertar: el emperador recupera la conciencia para que uno de sus mensajeros investigue si hay cuervos volando alrededor de su encierro. Si es así, debe seguir aguardando en un mundo onírico que desaparecerá cuando su barba rodee por tres veces la mesa que preside. Solo entonces, se levantará para reunir a sus caballeros, abandonar su retiro y luchar hasta alzarse con el poder que ya consiguió en el pasado bajo su mando. Cuando la ladera del Untersberg desaparezca bajo hordas de caballeros armados, el día del juicio final habrá llegado y del interior de la montaña se alzará la furia hasta entonces dormida de un emperador cansado y hastiado por su larga espera. Mientras, se cuenta, que los dwarfs, a los que temerosos ojos describen como una especie de seres semejantes a los enanos, guardan su regreso atemorizándolos y alimentándose de visitantes no deseados. Ellos velan por su descanso compartiendo con él, al que unos llaman Carlomagno y otros Federico II, un  mismo fin: la protección de la Gran Germania.
Tras estas palabras el espejo enmudeció. La negrura de la piedra contrastó con la blancura que su rostro reflejaba. No sabía qué o quién era el portador de tal revelación; ni siquiera se veía capaz de describirlo a pesar del tiempo que había permanecido frente a él. Nunca había creído en los objetos de poder pero, sin duda alguna, lo que decían las leyendas acerca del Sello de la Verdad resultaron ser ciertas. Ahora empezaba a preguntarse si las consecuencias por su arrojo también lo serían…

Ojeó su diario de viaje. En apenas dos meses de intenso trabajo había conseguido numerosos datos cuyo único punto en común consistía en la indeterminación de los mismos. Leyendas, habladurías y ruinas testigos del paso del tiempo eran los más numerosos. El secretismo que rodeaba a la antigua residencia vacacional de Hitler y la implicada mitología del lugar borraban el pequeño atisbo de una nueva pista para transformarse en un nuevo callejón sin salida.

La obsesión y continuo recuerdo de la visión no satisfacían su ansía de conocimiento. En las continuas noches de insomnio una misma idea surgía una y otra vez. La sopesaba considerando los pros y contras de una manera metódica, incluso enfermiza, para acabar rechazándola cuando el miedo conseguía vencer a la osada locura. ¿Acaso no había sido ya testigo de lo peligroso de su impetuosidad? La búsqueda del Sello de la Verdad asemejaba a un juego de niños si se comparaba con el cada vez más tentador plan que se le pasaba por la cabeza. En realidad sabía que solo una última pista a seguir le separaba de tan ingente empresa. Ahora meramente le restaba agotarla y, tal vez, dejarse llevar por los caprichosos designios del destino…

Al salir de la estación dudó. Debía elegir bien cuales serían sus primeros pasos en  un estado receloso de su pasado para evitar posibles problemas en su complicada andadura. Esas mismas dudas le habían tentado numerosas veces durante el viaje para usar el Sello de la Verdad en busca de consejo. Con mano temblorosa se separó hasta dos veces de él como el yonqui que intenta escapar de las garras de una adicción de la que hace tiempo perdió el control, si es que alguna vez lo tuvo. En esas situaciones casi podía comprender la obsesión y la influencia que ejercieron los objetos de poder en la vida de Hitler. Se dice que su primer acercamiento al mundo mágico y, tal vez al de la locura, se produjo a los dieciséis años en la visita que realizó al museo de Viena. En éste, se exponía la llamada lanza de Longinos, arma con la que Jesús fue atravesado en la cruz, a la que se atribuía el don de conceder a su poseedor las artes de los médiums. No tardó en robarla en cuanto se hizo con el poder; fue la primera de muchas otras en el afán de colmar la vulnerabilidad de su propio ser. Solo el recuerdo de su final y el miedo que le provocaba el saber de la verdad de estos poderes, conseguían sacarle  del hipnótico estado de somnolencia que ejercía este objeto sobre él.
No se arriesgaría. Iría directamente a casa de su viejo amigo de aventuras. La cordura le había hecho retirarse a tiempo de una vida saturada de acciones peligrosas, pero la curiosidad y el ansía de conocimiento debían de seguir ahí.
Los años le habían respetado. Unas pequeñas hebras plateadas en su barba  eran las únicas delatoras del paso del tiempo, pues en sus ojos seguía brillando esa chispa de impetuosidad y viveza a los que era imposible decir no. El saco de viaje, las cajas medio abiertas y paquetes sin desembalar habían sido sustituidos por multitud de libros agolpados en las paredes y en el suelo de toda la casa, pero la sonrisa que se escondía tras ellos le otorgaba confianza y esperanza para su empresa…
Unas pocas palabras fueron suficientes para que consiguiese adivinar sus verdaderos propósitos y temores. Un gesto cabizbajo seguido de silenciosas negativas con la cabeza, expresaron la disconformidad con ellos. Aun así, evitó hacer cualquier juicio de valor durante la exposición acerca de su cometido:
-La situación de desamparo e incertidumbre junto al impulso económico empresarial, posibilitó la subida al poder, como bien es conocido, a un hombre que conjugaba a la perfección el talento oratorio de un gran político contaminado con las fantasías extremistas de un loco racista.
El gobierno hitleriano no fue creándose durante sus trece años en el poder, sino que fue tomando forma material de un plan perfectamente diseñado anteriormente como si de una batalla se tratase. El objetivo de la instauración de la independencia y soberanía respecto al dominio aliado y la restructuración de una Alemania fragmentada y empobrecida solo fueron los cimientos dirigidos a crear una confianza en el régimen que sería moldeada en fases posteriores.
Las religiones fueron la unidad y la fortaleza de las primeras civilizaciones entre los hombres. Son éstas base de la educación, de la convivencia social y, sin lugar a duda, de la dirección que debe tomar el hombre teniendo presente constantemente sus limitaciones y supeditación a un ente o entes superiores. Hitler sabía que la implicación emocional y activa de los alemanes era claves para evitar reacciones contrarias a sus propósitos. La propaganda nacionalista debería sucederse con una religiosa bajo la vigilancia y protección de un poderoso ejército que garantizase la férrea unidad dela nación.
La propaganda y la coacción del Estado basadas en la aceptación religiosa y nacionalista de la soberanía alemana como raza descendiente de dioses posibilitaron las aberraciones posteriores: la erradicación de personas con trastornos psíquicos y físicos; la marginación, desprecio y supresión de derechos a la gente que no tenía un origen claro alemán; la demostración mediante árbol genealógico de la raza para la participación en la vida del Estado, especialmente en administración y en las filas de las SS; la utilización de las mujeres como mero instrumento de natalidad; la investigación científica genetista basada en crueles experimentos en campos de concentración y, por supuesto, la matanza indiscriminada de otras razas, especialmente judíos y gitanos, con el único propósito de exterminarlas en el continente europeo.
Hay otras muchas más que enumerar, pero estas nos sirven para comprender la magnitud y preponderancia que tenía la religión en las decisiones gubernamentales. Y, aunque muchas religiones durante la historia han sido fundamento para otras atrocidades, aquí se acrecienta cuando se fusiona con un arma que aún tiene más poder entre la gente supersticiosa e ignorante: el ocultismo. Sí, sí, no me mires despectivamente, sabes que a pesar de lo que tú o yo hayamos visto en nuestros viajes y de lo que sea que lleves en esa mochila que tu mano se niega a soltar, la mayoría de leyendas y objetos de poder no son más que supercherías y necedades. Relájate, no pretendo juzgarte ni saber nada que no quieras contarme; me has pedido información y eso es lo que trato de ofrecerte aunque, para ello, deba remontarme tan atrás en el tiempo.
El ejército de las SS, con Himmler a la cabeza, era el máximo ejemplo de cómo un poder indefinido podía condicionar la estructura de su formación y, lo que es más increíble, la toma de decisiones en un conflicto bélico. El castillo de Wewelsburg es el lugar que eligió para formar entre sus muros el  Übersoldat (supersolado), soldados físicamente perfectos adiestrados en las artes oscuras. Incluso se edificó la cripta a imitación de una tumba micénica con el propósito de conmemorar a los muertos.
Hitler no se diferenciaría mucho de Himmler puesto que edificó su propio santuario frente a la grandeza del Untersberg, lugar místico por excelencia en la tradición germánica. Hablamos de la casa Berghof.
De forma general, podíamos mencionarla como el lugar en el que pasaba Hitler su tiempo de descanso junto a Eva Brown. En ella, se celebraban reuniones de carácter ocioso en las que resaltaba el buen carácter del  Führer, imágenes que todo el mundo ha podido ver grabadas en el balcón.
La casa fue construida en el valle del Watterbargen próxima a otras pertenecientes a los líderes alemanes. A pesar de las pocas edificaciones, se podían juntar gran número de personas en ese lugar puesto que, signo de su gran poder, necesitaban  aproximadamente de tres mil  personas para atender a penas a diecisiete miembros del partido en estaciones estivales o en las reuniones establecidas para decidir y planificar acciones militares.
Pero retornemos nuestra visión al Berghof o, mejor dicho, conduzcámonos hacia el subsuelo de la casa, hacia la entrada de otro mundo desconocido para la mayoría de la gente: el nido de las águilas… (Continuará)

Emaleth

viernes, 23 de diciembre de 2011

La fecha

Los días pasaban y la fecha se aproximaba en un horizonte ya no tan lejano. Todavía se preguntaba que le impulsó a pronunciar unas palabras que lo encadenaban a un presente del que nunca se había sentido parte. Se mintió a sí mismo y a los demás, haciéndose y haciéndoles crrer que le satisfacía su forma de vida, que no era egoísta y que se conformaba con todos los logros que había conseguido al cabo de los años. Siempre pidiendo consejos, siempre escuchando lo que los otros tenían que decir desde el exterior y él, mientras, siempre intentando hacer suyas esas palabras en su pequeño islote interior.

En un principio, se dijo que estaba asustado por el nuevo proyecto que en unos meses estaba a punto de iniciar, que todo se iría asentando con el tiempo y que ella le ayudaría con el proceso de adaptación. Nada de eso pasó. El miedo se transformó en auténticos ataques de pánico; el amor en muecas de desagrado y enfado; el futuro en una tierra desolada donde se iba consumiendo por el pesar, el fracaso y los sueños frustrados.

¿Conseguiría pararlo? No lo sabía porque, en el fondo, seguía siendo ese chiquillo asustado que se ilusionaba por los principios para más tarde abandonarlos por falta de interés. Era cobarde, sí, y comprendía que, una vez más, su vida se había convertido en una linealidad que le aburría y hastiaba. Anhelaba un cambio, una nueva motivación que le dejara volar con libertad, que le permitiera dejar atrás todos esos lasgtres que le estaban anclando a un territorio hostil.

Sí, quedaba poco tiempo, desconocía lo que quería para su futuro pero repudiaba su presente y, mientras en su interior pugnaban mente y corazón en busca de una luz, los días pasaban y la fecha se aproximaba...

Emaleth

martes, 6 de diciembre de 2011

¿Qué es la filosofía?

Una pregunta sencilla a la que podemos responder de múltiples y complejas maneras atendiendo a la diversidad de su naturaleza pero que podemos aunar todas ellas remitiéndonos a su componente etimológico. Por tanto, filosofía es una palabra de origen griego compuesta por dos sustantivos, φιλος y σοφια, cuya traducción es “amigo de la sabiduría”.

Hasta aquí, todo libro de filosofía de primero de bachillerato comienza con esta definición su tema inicial, aquél que suele titularse con la frase que encabeza este escrito o, en tal caso, con la ilustrativa y ya frase hecha: el paso del mito al logos. Tras la lectura de estas líneas, todos inspiran en mí el mismo sentimiento: cerrarlo y golpearlo contra la pared más cercana y, eso, sin añadir la impotencia y rabia que me transmiten unos profesores que en lugar de intentar hacer resurgir el interés por una disciplina que ya llamaba Platón la primera de todas las ciencias, la hacen más incomprensible e inútil que nunca.

Tras la definición etimológica, corresponde introducir el lugar y la fecha en donde se inicia dicho fenómeno para luego omitir el por qué fue allí y no en otro lugar ni en otra fecha. De esta manera, la filosofía pasa a ser un saber que surgió por ciencia infusa y que el caprichoso dedo del azar quiso situar en ese y no en otro lugar del mundo.Sin embargo, aún dudo de si es para enmendar la anterior imprecisión explicativa, rellenan dos caras con las definiciones de mito y logos: dos conceptos importantes pero cuyo análisis y características necesitan escasas líneas; el resto que se incluya, es simple repetición de ideas para despistar a un alumno cuya única intención en su lectura es la de aprenderlo de memoria para plasmarlo en un examen.

Podría seguir con la pregunta del arjé o de la figura de los presocráticos, pero todos estos ejemplos son solo reflejo de una misma realidad: una educación pésima e ineficaz, profesores sin motivación para ellos ni para sus alumnos, estudiantes incapaces de hacerse preguntas, desconocedores de un vocabulario amplio e incapacitados por sí y por otros de la necesidad del entendimiento y la comprensión para todo ámbito y propósito en la vida.

Actualmente cabe preguntarse si queremos formar personas autónomas y reflexivas o unos loros que repitan automáticamente lo memorizado. Revisando los libros de texto, parece ser que la respuesta ya ha sido tomada…
Emaleth

martes, 8 de noviembre de 2011

El debate

Ayer, en principio, me negué a presenciar el debate político protagonizado por Rubalcaba y Rajoy ante las inminentes elecciones del 20 de Noviembre. Sin embargo, la curiosidad, siempre traicionera en el género humano, hizo que hoy empezara a verlo por internet con la pequeña esperanza de poder disfrutar de una verdadera conversación política. Lo sé, soy así de ilusa.

El debate, dividido en tres grandes bloques, se inició con la problemática actual más agravante: la economía y política de empleo. Debo confesar que es lo primero y último que vi porque la curiosidad fue rápidamente sustituida por la desilusión y, ésta, por el rechazo absoluto a seguir perdiendo el tiempo.

No puede haber debate político porque a pesar de existir un mismo origen de argumentación, ambos usan una línea de razonamiento distinta que impide una coherencia discursiva. Por una parte, Rubalcaba dividió su exposición en cuatro puntos:

• Origen de la problemática económica.
• Autocrítica (breve, eso sí)
• Propuesta y explicación (también breve) de soluciones inmersas en su estrategia política.
• Estudio del programa político contrario (algo novedoso) con las preguntas que consecuentemente pueden surgir de la lectura del mismo.

Hasta aquí, me lo crea o no, debo reconocer la grata satisfacción que me produjo este inicio. Llegué a creer que, tal vez, la situación actual podría haberles acercado mínimamente al verdadero hacer político. Pero, como bien expresa la sabiduría española: “poco dura la alegría en casa del pobre”.

Por su parte, Rajoy insistió en su actuación del último debate contra Zapatero: acusaciones, exposición constantes de números y fechas (menos mal que esta vez no hubo gráficas) y respuestas que brillaban por su ausencia.

Una vez más, gracias a la disparidad de argumentación, nos encontramos con una nueva conversación de besugos y repetida representación del tú más. En ese momento pensé en mis alumnos quienes ejecutan la misma función día tras día: uno, asemeja su actuación a la de otros tantos para justificar su proceder e intenta ofrecer a continuación una forma de compensación o de solución mientras, el otro, intenta brillar apoyándose en la simple culpabilidad del otro.

Si no tengo paciencia para escucharlo en críos, menos para hacerlo con unos adultos que deberían haber superado esa etapa con la madurez. Solo cabe en mi cabeza pensar que ya no nos tratan únicamente como tontos, sino que además nos toman como tal y, lo que acentúa mi preocupación es que yo misma empiezo a considerar si no tendrán razón por hacerlo….
Emaleth

lunes, 17 de octubre de 2011

El olvido

Una mano insegura se posó sobre el blanco folio. Le angustiaba comprobar que la última de sus habilidades hubiera quedado también en el recuerdo de un esplendor pasado. Ya había tomado una decisión: un nuevo fracaso sería la última señal, aquella que le empujaría hacia ésos con los que tantas veces había hablado y que ahora parecían haberle abandonado. Cerró los ojos para concentrarse. La punta de la pluma permanecía muda, esperando dar vida a unas palabras que acabarían con la suya propia.

Una gota de sudor cayó sobre el papel. Estaba demasiado tenso. Nunca había funcionado de esa manera pero la obsesión y la temeridad ganaban a la prudencia. No era un juego, su vida se hallaba en suspenso, en una ruleta rusa que escapaba a su control.

Intentó concentrarse de nuevo. Un murmullo lejano fue ahogando el silencio de la habitación. Pequeños susurros al principio, risas ahogadas a sus espaldas contenidas en sinuosas sombras que, poco a poco, iban estrechando un círculo a su alrededor.

No podía demostrar miedo, pero supo que la debilidad se había apoderado de él cuando el golpe seco de la pluma sobre el frío cristal de la mesa. Las voces subieron de tono. Las sombras empezaron a cobrar formas mientras la habitación desaparecía en un hondo abismo negro donde su cuerpo parecía flotar en el vacío.

El pánico buscaba su oportunidad. No comprendía lo que pasaba. Nunca habían jugado así con él, por qué le causaban tan siniestra tortura…

“¡Necio!”-Escuchó como respuesta a su último pensamiento. Solo esta palabra bastó para desencadenar las bulas de miles de espectros a su alrededor. Fue entonces cuando empezó a verles acercándose silenciosamente hacia él. Rostros malvados, deformados y olvidados a través del tiempo cuya única búsqueda se centra en la venganza de unas causas ya perdidas en el presente, en un mundo donde la existencia es el reflejo deformado de lo que fueron en el ayer.

No tiene donde huir. No hay salida por la que escapar. Sus perseguidores forman una perfecta muralla sin fisuras a escasos centímetros de él y, es en aquel momento, solo entonces, cuando despliegan sus brazos, no amenazantes, sino en forma de invitación a ser uno de ellos.

Las tinieblas se disipan. Resignado, mira sus propias manos, que se descubren semejantes a las de los que le rodean. Ya no puede invocarles, no puede seguir preguntándolos ni guiarlos porque, en su locura y frustración, había olvidado que largo tiempo ya eran compañeros de viaje…
Emaleth

lunes, 22 de agosto de 2011

JMJ

La finalización del JMJ llegó con gran pesar para unos y con gran alivio para otros. Y, tras tanta celebración e indignación, llega el momento de la reflexión y de hacer cuentas. La segunda, no me interesa demasiado ya que a la vista está que un país continuamente amenazado por el abismo de una segunda recesión, no debería haber sufragado un acontecimiento que supera de sobra sus posibilidades provocando a un pueblo ya castigado que se siente doblemente engañado al ver en qué se gastan sus impuestos.

El problema no es la religión sino la financiación de un gasto inconstitucional y por el que la gente tiene reconocido ejercer un derecho que sí está recogido en la Constitución: la manifestación. Para las altas expectativas tenidas en este movimiento, una manifestación es una contrariedad, una acción convulsa por parte de unos alborotadores que dañan la buena imagen de España y, sobre todo, de esos políticos que intentan siempre desviar la atención y limpiar una imagen que consiga romper el ateísmo político del momento. Para todos estos, parece ser menos desprestigiante mandar a sus fuerzas policiales para ser retratados en continuas muestras de brutalidad y violencia desmedida hacia unas personas que solo expresaban su rechazo a un acto que contravenía la aconfesionalidad del país y no del ateísmo como se ha dicho reiteradamente en diversos informativos. Siempre hay gente que provoca, los españoles somos muy dados a abrir la boca sin pensar en las consecuencias que pueden conllevar las palabras vertidas, pero ver como acometían contra gente que no hacía nada deja al desnudo la indefensión del ciudadano y el recuerdo de unos tiempos donde la expresión abrazaba peligrosamente la represión.

La Iglesia necesita adaptarse a los tiempos y ganarse el amor de los jóvenes para garantizar su supervivencia. Sin embargo, tras los hechos acontecidos en estos días pasados, la tolerancia de la que hace estandarte quedó anulada en unas afirmaciones poco acertadas en las que los cristianos se veían como un rebaño atacado por las malignas garras de unos ateos que había que parar debido a su aumento en las últimas décadas. Una vez más, reitero la necesidad de la crítica en una actualidad donde imperan los dualismos, donde los grises desaparecieron de la escala cromática y donde el yo tengo razón pasa por barrer a todos los que le contraríen. Por qué no considerar que muchos de esos manifestantes eran cristianos que no consideraban acertada la venida del Papa con su séquito en tiempos tan adversos; por qué no dar autonomía crítica a unos cristianos que piden algo más de una autoridad que parece haberse quedado en un mero ídolo de masas; por qué seguimos confundiendo fanatismo con creencia….

Muchas son las preguntas y otras tantas sus respuestas aunque a veces creo que el acceso a la educación no ha servido para acabar con los atisbos medievales: seguimos en una oscuridad de la ignorancia; la única diferencia: el no creernos tales.

No soy atea ni voy en contra de éstos, solo creo que vivo en un país de sordos y ciegos que, a pesar de su apariencia, sigue anclado en un pasado que desconoce el verdadero y profundo significado del concepto progreso.
Emaleth

lunes, 8 de agosto de 2011

El examen

“La conquista de las Galias por el Imperio Romano”. ¿Qué tipo de pregunta era esa? Cómo podía recordar algo que sucedió siglos antes de que él mismo naciera. ¡Qué estaba sucediendo con el sistema educativo! ¡¿Acaso el colegio se había convertido en una mera institución carcelaria y de tortura?! ¡¿No tenía él derechos como todo el mundo?! La respuesta la sabía demasiado bien; en el último examen le negaron la posibilidad de apelar varias preguntas que, en su criterio, no aportarían beneficio alguno en su vida y, para el colmo de su indignación, le amenazaron con la expulsión y una llamada a sus padres. Aún seguía sin comprender la necesidad de identificar un sujeto o un predicado en una oración. ¡Pero si ya estaba hecha! ¡Menuda estupidez!

El caso es que no podía llevar otro suspenso a casa; en la escuela empezaban a preguntarse si el término especial que utilizaba su madre para defenderlo tenía otro significado igual de “especial”. Intentó concentrarse en la respuesta pero sus ojos vagaban inevitablemente hacia el reloj de la clase contabilizando los minutos que lo separaban de la libertad.

Mientras decidía qué actividades ocuparían su tiempo esa tarde, le pareció oír una lejana voz que avisaba de la pronta finalización del examen. Helado, estudió el reloj atentamente para darse cuenta que cinco minutos era todo lo que le restaba de una hora en la que lo más provechoso que había hecho era escribir correctamente su nombre en la parte superior de la hoja.

Rápidamente, esgrimió con agilidad el bolígrafo y de su punta brotaron rápidas palabras que acabaron ocultando la desnudez del folio. Una firma, una sonrisa en la entrega del examen y, una vez más, la satisfacción del trabajo bien hecho.

Mientras salía por la puerta, solo una duda asaltaba su mente: en la defensa de la Galia contra los romanos, ¿cómo se llamaba ese gordo que siempre acompañaba a Asterix?...
Emaleth